Ni cigüeñas ni repollos
Existe una pregunta inevitable que suele aterrar a los padres: el origen de los bebés Conviene que sean ellos quienes respondan estas dudas. ¿Cómo? Con cariño, paciencia, preparando la respuesta y cuidando las palabras elegidas.
Es bastante probable que algún día en que estemos tranquilamente viendo televisión, leyendo o cocinando, nuestro hijo pequeño suelte con toda naturalidad la pregunta a veces tan temida: “Mamá, ¿de dónde vienen los bebés?” Tenemos que estar preparados y con las respuestas previamente pensadas, ya que no merece ser un momento de nerviosismo.
Experiencia de sexualidad
Hay que tener en cuenta que los niños, a esta edad, son muy pequeños como para contar con una experiencia de la sexualidad. No pueden, por lo tanto, adivinar que el desarrollo de su cuerpo los capacitará para dar vida y entregarse en una relación amorosa. Por ello, como todavía no existe, los padres no podemos apoyarnos en esa experiencia de sexualidad de los chicos.
Por otro lado, los hijos perciben que los gestos de ternura entre sus padres son buenos, que el cuerpo recibe y da amor y que eso brinda felicidad.
El niño adquiere experiencia, principalmente, por lo que ve. Sus preguntas surgen cuando ve una embarazada en la calle, una foto o un comercial en televisión. Si bien sus interrogantes serán directos y sin reservas, necesitamos ser cuidadosos con nuestras respuestas, que elaboraremos con cariño y naturalidad.
Las palabras certeras
El lenguaje que empleamos es clave, porque determinará si ayudamos o no a que nuestros hijos resuelvan sus dudas. Por ello recurrimos a la verdad y no inventamos fábulas, está claro que las cigüeñas y París quedaron muy fuera de moda. Es normal que queramos preservar su inocencia, pero conocer el verdadero origen de la vida en absoluto hará que la pierdan.
Nuestro hijo necesita respuestas reales, pero adaptadas a su capacidad de comprensión. El hecho de haber reflexionado previamente sobre lo que le vamos a decir nos permitirá evitar confusión en las respuestas, que pueden incomodar al niño y hacerle sentir que se ha metido en un tema tabú.
También podemos explicarle que es muy positivo hablar de estos temas con papá y mamá, sin comentarlo con sus amigos, para dejar que sus padres lo hagan.
Una por una
- ¿De dónde vienen los niños?
Empleando un lenguaje simbólico, podemos decirle que papá y mamá, que se quieren mucho, se han dado un abrazo muy fuerte y que en ese abrazo una semillita que papá tenía se ha unido a otra que tenía mamá, y que a partir de ese momento crece el bebé.
Podemos mencionarles los términos óvulo y espermatozoide, pero como son complicados y confusos, ayudará la comparación de las semillas. Ellos ya saben que de ellas puede surgir vida.
- ¿Y por dónde entra la semillita?
Les explicaremos que mamá tiene un caminito, debajo de la barriga, por donde entra la semillita. Este camino, especialmente reservado para esto, será también por donde saldrá el bebé cuando haya crecido.
Llegados a este punto, generalmente preguntan si es el mismo lugar por donde se orina. Es importante que les aclaremos que está en el mismo sitio, pero que es distinto.
- ¿Cómo vive en la panza de mamá?
Mencionando el término biológico “útero”, lo describiremos como una cunita, hecha a su tamaño, donde el bebé está calentito, cómodo y protegido por su mamá.
- ¿Por dónde come el bebé?
Ilustramos cómo el bebé está unido a su mamá por el cordón umbilical, que es como un tubito a través del cual recibe el alimento que le da su madre. Algo así como cuando él toma bebidas con una pajita.
- ¿Duele cuándo nace el bebé?
Podemos decirle que un poco, pero que muchas veces el médico, para cuidar a mamá, le da un remedio para que duela menos.
Las preguntas en torno al nacimiento de los bebés pueden ser muchas y variadas; depende en gran medida de la curiosidad del niño y de algunas situaciones a las que haya estado expuesto. En todo caso, es nuestra función como padres responder a sus inquietudes. Además, es una oportunidad que no conviene retrasar porque, si no, será otro, quizá menos preparado o con menos cariño, quien le aclarará esas dudas: un amigo, la tele, un afiche en la calle…
Hablar a nuestros hijos del amor humano, la afectividad y la sexualidad es imprescindible para que su desarrollo sea completo y armónico.
Fuente: Teresa Pereda
Por María Elena Caballero, Docente | www.hacerfamilia.com.ar

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