Los padres saben de educación
Los especialistas en pedagogía, psicología, profesores y directores de colegios, en algún momento le hicimos creer a los padres que ellos no sabían nada de educación y de a poco los fuimos echando del ámbito escolar. Por más increíble que parezca, los padres se lo creyeron.
La modernidad convirtió a las escuelas en espacios de información enciclopedista, con incontable cantidad de materias y contenidos cada vez más complejos y sofisticados. Cambió el espacio y la esencia de la educación convirtiéndose ya no en espacio de formación integral de las personas sino en un cumplimiento mecánico de la currícula oficial de turno como preparación utilitarista para lo que sigue, el mundo laboral y universitario.
Los padres, siguiendo las modas de turnos, “compraron” este modelo escolar y aceptaron que ellos, ignorantes frente a tanta sabiduría moderna, depositaban a sus hijos y los buscaban a la salida, o al final de sus años escolares.
Con tanta especialización, con tanta información, con tanta carrera contra el tiempo siguiendo la corriente de turno, los padres se volvieron débiles, inseguros, indecisos, sin autoridad y aceptaron resignados y silenciosos, que de educación no sabían nada.
Hoy, convencidos que sin padres no hay educación posible, los colegios llamamos desesperadamente a que vuelvan a participar, pero no estamos dispuestos a aceptar lo que es evidente: nadie sabe más de educación que los padres. O mejor dicho, podrá haber, y es bueno que haya, especialistas en educación o en distintas áreas que enseñen a sus hijos un montón de cosas, que lo informen, que lo hagan pensar, que ejerciten su memoria y sus hábitos, pero de sus hijos, de cómo son, de qué necesitan, de cómo ayudarlos a descubrir qué quieren ser, de ellos, nadie sabe más que mamá y papá.
Esa seguridad, el saberse portadores de los valores, de los “saberes” previamente “saboreados”, de ser con sus vidas testimonios y modelos de adultos de los hijos, devuelve a los padres al centro de la educación, los hace protagonistas, únicos y principales responsables, con autoridad suficiente para tomar decisiones, para hablar con quién sea seguros de que saben mejor que ellos qué es lo mejor para sus hijos.
Pasarán reformas educativas, nombres nuevos y raros, materias que no tuvieron, sistemas de promoción que no entiendan, directores que hablen en difícil, maestras modernas, reuniones apabullantes con tanta cosa que hacen en el colegio, y preguntarán, participarán como padres, pero estén y siéntanse seguros que nadie sabe tanto de educación como ustedes. Sepan que los colegios solo participan porque ustedes los eligen para ayudarlos, porque ustedes los hacen partícipes de la formación de sus hijos, porque son una extensión de su autoridad.
Padres seguros, confiados, junto con colegios que compartan sus valores son el binomio inseparable de la educación integral de los hijos que nuestro país necesita para empezar a cambiar la historia. Padres protagonistas, colegios que los agrupen y reúnan animándose a liderar los cambios que se necesitan formarán naturalmente hijos entusiasmados con los valores que la Argentina pide a gritos.
Padres, ocúpense con entusiasmo de la educación de sus hijos, no hay nada más importante, más urgente ni más estimulante. El resto lo harán ellos cuando crezcan, y nosotros disfrutaremos de verlos crecer llegando a ser mejores que nosotros. En definitiva, de eso y no de otra cosa, se trata la verdadera educación.
Prof. Eduardo Cazenave - Rector General del Colegio San Juan el Precursor - Profesional de la Fundación Proyecto Padres | www.proyectopadres.org

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