'Mi hijo se niega a dormir, ¿qué le ocurre?' El doctor Gonzalo Pin, coordinador de la Unidad del sueño del Hospital Quirón de Valencia te da los mejores consejos para solventar este problema ¿Cuántas noches has pasado en vela porque a tu hijo le cuesta conciliar el sueño? A esta situación, que si se prolonga en el tiempo puede resultar verdaderamente desesperante, se suelen enfrentar muchos sufridos padres que se sienten impotentes y desorientados a la hora de encontrar una solución. Por eso, nos hemos puesto en contacto con un especialista en la materia para que os aconseje qué hacer ante determinadas situaciones. |
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¿Es cierto que los bebés y los niños pueden ser susceptibles de sufrir insomnio? Es importante reconocer de entrada que con el sueño tenemos dos situaciones en los niños: problemas con el sueño y enfermedades del sueño. Las primeras son desviaciones de la normalidad que no responden a una enfermedad biológica de base y los segundos son alteraciones derivadas de una enfermedad (física o psíquica). En este sentido, el insomnio infantil es en gran medida un problema con el sueño y no una enfermedad. El insomnio infantil se define como la dificultad para iniciar o mantener el sueño y esto conlleva consecuencias para el niño y su entorno. Es cada vez más frecuente en nuestras sociedades occidentales, si bien no debe confundirse con las expectativas exageradas de algunos padres respecto a la rapidez en dormirse y la duración del sueño de los niños.
Las causas pueden ser múltiples y diferentes. No debemos olvidar que el sueño forma parte de las 24 horas de vida y todo lo que vive el niño influirá en su calidad de sueño. Independientemente, existen algunas circunstancias que pueden interrumpir el sueño como los trastornos respiratorios durante la noche, los movimientos periódicos de las piernas, algunas parasomnias (pesadillas, terrores del sueño, sonambulismo…) por lo que, si esta situación es frecuente o conlleva que el niño se encuentre más cansado o soñoliento por el día convendría consultar con su pediatra.
El sueño es una realidad biológica altamente influenciada por las pautas educativas familiares. Es decir, el dormir es una necesidad biológica que está enmarcada en unos hábitos. Al igual que ocurre con el comer: tenemos unas necesidades básicas de sueño o de comida tanto en tiempo como en calidad, pero el modo en el que comemos o dormimos viene dado por los hábitos que aprendimos de niños en casa.
La organización del ciclo vigilia- sueño se realiza durante los primeros 6 meses de la vida y está condicionado por factores tanto interiores del niño como exteriores al propio niño. Entre los interiores destaca el papel de una sustancia llamada melatonina que tiene una presencia variable a lo largo del día en la sangre del bebé. Aumenta al final de la tarde con lo que induce al sueño y disminuye por la mañana con lo que se induce la vigilia.
Cada niño tiene sus propias necesidades de sueño. De la misma manera que los padres conocemos que hay unos “percentiles” de edad y de talla para cada edad, también los hay en relación con el sueño. De todas formas podemos decir que desde las 17 h que duerme por término medio un recién nacido hasta las 9 horas que necesita un adolescente, lenta y progresivamente se van reduciendo las horas de sueño.
Los bebés son listos y responden a lo que nosotros le enseñamos. Si desde el nacimiento les indicamos que para dormirse es necesario estar del brazo de los padres, ellos obedientemente exigirán esta situación para dormirse y cada vez que se despierten por la noche (normalmente una media de 3-5 veces cada noche). En realidad, lo importante es reconocer que nosotros los padres tenemos la obligación de ofertar un horario y un lugar donde el niño debe decidir si duerme o no.
El establecimiento de unos hábitos saludables de sueño es parte integrante de la educación. Como en otras muchas cosas, según aprendamos a dormir en nuestra primera infancia dormiremos casi toda la vida. Hay un montón de métodos publicados que pretenden ayudar a los padres en esta labor, uno de los más conocidos es el Estevill; ¿realmente funciona? ¿Qué recomendaría usted? Lo realmente importante es que exista una línea educativa. En realidad no hay un método bueno y otro malo: lo mejor es el que más se adapta a la idiosincrasia de la familia y al temperamento del niño. El método de extinción gradual aplicado por el Dr. Estivill es un método conductual que es eficaz en un montón de situaciones educativas, de las que el sueño no es una excepción, pero tanto su indicación como su aplicación deben adaptarse a cada situación en particular.
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