Los excluidos del grupo: una realidad latente
No es extraño encontrar grupos de niños en los barrios y en los colegios que se reúnen en torno a gustos y aficiones que poseen en común. Sin embargo, existen niños que por diversas razones no logran encajar en ninguno de ellos. Son los denominados excluidos del grupo, un fenómeno social que en Europa se estudia hace 30 años.


Principalmente en los colegios, es común ver cómo un niño se burla de otro o se ríe de su aspecto o de su forma de hablar. Ante esto, los menores pueden ser excluidos porque existe un líder que no está interesado en que forme parte de su grupo o por el contrario, se autoexcluye cuando se da cuenta que sus intereses no son compartidos por sus pares.

En ambos casos, los niños presentan problemas de relaciones con el resto. De manera directa o indirecta se ven involucrados en este proceso de exclusión, que en definitiva los lleva a no lograr socializarse, aunque quieran vincularse con los demás.
La exclusión y sociabilidad pasan por la capacidad que tiene cada niño de relacionarse con sus pares, encontrando de esta forma a quienes tengan gustos y valores similares a la suyos. La predisposición consciente o inconsciente que tenga el menor para socializar, facilita las buenas relaciones con los amigos y compañeros de curso y se caracteriza por tolerar mejor la diversidad, a diferencia de los grupos patológicos, más autoritarios y rígidos y que promueven el sometimiento de sus integrantes.

Esta condición comienza a presentarse entre los 7 y 8 años de edad, aumenta entre los 13 y 14 años y declina en la adolescencia. ¿Cómo son estos niños? Felipe Lecannelier, psicólogo, Doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, con especialización en la University College London y en el Anna Freud Center (Londres), ha estudiado este hecho también conocido como “Bullying”. Según el especialista, ambas posiciones presentan características especiales, ya que “el niño que excluye presenta rasgos como agresividad, hiperactividad y características físicas especiales como ser más alto y fuerte que el resto. Son muy inteligentes y se muestran seguros de si mismos, lo que los hace muy eficientes en su estrategia de excluir y molestar.” Lecannelier señala que como contraparte, “el niño excluido se caracteriza por su timidez, ansiedad e inseguridad. Tiene una idea sobre si mismo de fragilidad, es decir, ‘el mundo es peligroso. Todos me van a pegar’. Por lo general tienen padres sobreprotectores, que se centran en aspectos como ‘no te vayas a enfermar’ o ‘no salgas porque te puede pasar algo’, lo que podría generar en el resto la percepción de que este niño es vulnerable.

Pero, ¿porqué los niños excluyen a otros?

Básicamente por las siguientes condicionantes:

- Atención: Excluir es una manera efectiva de recibir atención, aunque ésta sea negativa.
- Imitación: Algunos niños modelan o imitan lo que está pasando con ellos en su hogar.
- Superioridad y Poder: Muchos niños se sienten superiores cuando intimidan a otros o poderosos cuando la exclusión enfurece a otros.
- Aceptación: Muchos niños se comportan de determinada manera para “estar de moda”. La necesidad de pertenencia puede ser tan fuerte, que el niño excluye a otros para ser aceptado por los más populares.
- Diferencias mal entendidas: Muchos niños no están familiarizados o no entienden diferencias culturales o étnicas.

El rol de los padres
El estudio realizado por Lecannelier indica que los padres por lo general no se dan cuenta que su hijo es un niño excluido. Sin embargo, pueden haber indicios de que algo anda mal. “En casos extremos, los niños empiezan a mostrar síntomas psicosomáticos fuertes como cefaleas o diarreas, no quieren ir al colegio e insisten constantemente a sus padres que los cambien de establecimiento educacional. Por eso, deben estar atentos a si existen cambios en la rutina del niño; si duerme más o menos, come más, habla menos o parece triste”.
La actitud de los padres de un niño que excluye, debe ser lo que se denomina de “rol”, es decir, mostrarle el dolor que provoca en los demás, generar algún grado de “conciencia humana” y tratar de ponerlo en el lugar del otro. Según Lecannelier, “los niños que tienen mayor seguridad en su relación con sus padres y amigos, tienen una tendencia a excluir menos, así como también los que tienen mayor confianza y comunicación con sus padres y amigos.”
Es prioritario, por ende, estar atento a cualquier cambio en la rutina de los niños, conocer con quienes se relacionan fuera de la casa, estar en contacto con sus profesores y ver cómo se desarrollan en el ambiente escolar. A pesar de que este fenómeno podría ser sólo una etapa dentro en el proceso de crecimiento del niño, los padres deben estar atentos ante sus cambios conductuales, para detener a tiempo cualquier hecho que pueda atentar contra su normal desarrollo.

Fuente: Padres OK

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