Existe un remedio para los días en que hacemos miles de cosas y sentimos que no hay tiempo para nada más: leer o narrar cuentos a nuestro bebé. Una inyección de calma y magia en la casa.

Existen muchos tipos de cuentos infantiles que pueden ser relatados oralmente. Para los bebés hay que tener en cuenta que aún no pueden seguir una trama, por eso son recomendables las rimas cortas, las formulas repetitivas, las narraciones que sirven para jugar con los dedos.

Si recurrimos a los libros, elijamos los que tengan dibujos llamativos, coloridos, con poco texto. Existen ejemplares de diversos materiales, algunos tienen figuras con relieve, cascabeles y lengüetas para que los bebés puedan jugar con ellos y descubran mediante los sentidos nuevos colores, texturas, sonidos y mucho más. Estos pequeños aparatos de hojas y tintas irán estimulándolos, e inconscientemente iremos creando el hábito de disfrutar junto a la literatura.

Los libros facilitan las cosas porque las historias ya están inventadas, pero si nos animamos, podemos descubrir el placer de crear y narrar nuestros propios cuentos. O bien, tomar la propuesta de un libro y adaptarla con actuaciones o exageraciones que sean nuestro aporte y llamen la atención de nuestro hijo. 

Para dormir

La hora de ir a dormir es el momento preferido para compartir cuentos. Los niños están más calmos o se calmarán al escucharlos, para este momento son muy útiles los cuentos tranquilos, reposados, con repeticiones de oraciones y de ritmos, que favorezcan el adormecimiento. 

Consejos útiles:

-La noche es el momento preferido para contar.

-Utilizar un lenguaje sencillo y fácil de entender.

-Enriquecerlo con gestos y tonos diferentes para darle color a las palabras.

Otros cuentos que las familias disfrutan al final del día son aquellos que cuentan sobre sus propias vidas, gratos recuerdos, alegrías y anécdotas que los tienen como protagonistas y los ayudan a recordar y prepararse para resolver diversas situaciones. 

Cómo se cuenta

La narración es un arte que implica más destrezas que solamente leer o repetir. Hace falta sacar al niño que tenemos dentro para poder crear ese instante mágico y transportarnos al país de las fantasías. Es un ejercicio que servirá para que sonemos creíbles e interesantes para nuestro bebé.

Frutos de la práctica:

-Podemos descubrir el placer de crear y narrar nuestros propios cuentos.

-Los niños, con el tiempo, disfrutarán de la literatura.

-Las buenas anécdotas serán captadas por los bebés y en el futuro las aplicarán.

Ana Padovani, profesora de música, psicóloga, protagonista de espectáculos de narración, comenta que en Malasia se denomina penglipurlara a los narradores, y que esta palabra significa “una persona que hace felices a las otras”. 

Es importante encontrar el momento y el lugar adecuados, evitando las distracciones. El clima se puede crear repitiendo las frases tantas veces como sea necesario. Conviene usar un lenguaje sencillo y fácil de entender, y enriquecerlo con gestos y diferentes tonos de voz.

Algunas personas tienen más facilidad que otras para narrar con frescura. Sin miedo, habrá que probar y practicar, ejercitar con constancia. No es casual que sean los abuelos los mejores “cuentacuentos” de las familias.

Fuente: Natalia Hurtado

Por Ma. Inés C. de Bayá Casal,  Docente | www.hacerfamilia.com.ar

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