La madre después del parto

El puerperio
Después de nueve meses de larga espera y de un parto agotador, una lluvia de sensaciones y emociones desconocidas inundan a la madre.
En las horas siguientes al parto, la madre siente la felicidad y la euforia de tener al bebé a su lado por fin, pero el esfuerzo físico del parto le produce un enorme cansancio. En muchos casos este cansancio se ve incrementado por algo de anemia debida a la pérdida de sangre durante el parto.
Ahora es necesario el paso de un período de tiempo para que su cuerpo vuelva, poco a poco, a la normalidad.
En esta fase de recuperación, que se denomina puerperio, es posible que note algunas molestias.
El puerperio también recibe el nombre de posparto o cuarentena. Dura aproximadamente entre 6 y 10 semanas, tiempo necesario para que el organismo encuentre el equilibrio, y finaliza cuando reaparece la regla.

Levantarse después del parto
Si el parto ha sido por vía natural y todo ha transcurrido normalmente, es importante que la madre comience a moverse cuanto antes para evitar hemorragias y prevenir el estreñimiento.
La madre puede levantarse dentro de las 24 horas siguientes al nacimiento, pero debe hacerlo poco a poco y acompañada porque puede sentirse mareada.
Estando aún en la cama conviene que mueva las piernas y los pies para favorecer la movilidad, el estiramiento muscular y la circulación sanguínea. El siguiente paso es sentarse en el borde de la cama durante unos minutos y por último, incorporarse con ayuda y caminar por la habitación.

Después del parto con cesárea
La cesárea es una intervención quirúrgica que puede realizarse con anestesia general o local, como la epidural. Con la segunda clase de anestesia, los efectos posteriores son menos desagradables para la madre y tiene la ventaja de poder estar con el bebé de inmediato.
Tras una cesárea con epidural, es conveniente que la madre se levante en las 24 horas siguientes para evitar hemorragias y otras complicaciones circulatorias. Pasados unos días la madre puede moverse con bastante normalidad y antes del 10º día le quitarán los puntos o las grapas, recuperando la libertad de movimientos. Como la cicatriz puede trasudar, se aconseja lavarla con agua y jabón, secarla con una gasa estéril y cubrirla con un apósito. Al principio la piel de alrededor de la cicatriz parece insensible pero progresivamente volverá a la normalidad.
Cuando se practica esta intervención, la madre debe esperar al 4º ó 5º día para ducharse completamente. El tránsito intestinal y el urinario también tardan un poco más en recuperarse.
Aunque el parto haya precisado cesárea, la madre puede amamantar al bebé. Si las contracciones y la zona de la incisión provocan dolores fuertes, el médico puede recetar algún analgésico que no perjudique al bebé.

La estancia en el hospital
Por término medio, tras un parto normal, la estancia en la maternidad suele durar entre dos y cuatro días, y de seis a ocho días si el nacimiento ha sido por cesárea.
La madre debe aprovechar este tiempo para descansar y familiarizarse con el bebé. Las visitas son reconfortantes pero pueden llegar a agobiar, por eso pueden limitarse a los familiares más allegados mientras la madre y el bebé permanezcan en el hospital.
En estos días los profesionales del hospital controlan la evolución de la madre: la temperatura para prevenir (y en su caso tratar) algún tipo de infección, la involución del útero, las pérdidas de sangre, el estado de las mamas y de la episiotomía, etc.
Este período también resulta muy útil para que la madre pueda plantear las posibles dudas que le surjan con respecto al cuidado del bebé y a la recuperación de su cuerpo.

La involución del útero
El útero involuciona (comienza a recuperar su volumen normal) a partir de las primeras horas siguientes al nacimiento.
Los loquios son secreciones de la mucosa del útero que se expulsan a través de la vagina. Estas secreciones sanguinolentas son más abundantes que la regla, contienen pequeños coágulos que se forman al desprenderse la placenta y restos de tejidos del útero y la vagina. En los primeros días es posible que se expulse algún coágulo bastante grande, no tiene importancia alguna.
Las pérdidas, que pasan del color rojo al parduzco y finalmente son blanquecinas, van siendo menores progresivamente y desaparecen después de tres o cuatro semanas, aunque en algunos casos duran hasta la reaparición de la regla.
Los entuertos son unas contracciones dolorosas que suelen aparecer después del parto. Son necesarias para que el útero vuelva a su tamaño y localización normales. A las pocas horas de haber dado a luz, el fondo de la matriz se localiza por encima del ombligo y una semana más tarde, se sitúa por encima del pubis.
Los entuertos, además de provocar la vuelta a la normalidad del útero, tienen la importante misión de evitar hemorragias.
Estas contracciones desaparecen a las 48 horas y son más intensos y dolorosos en las mujeres que han tenido partos anteriores, aumentando con el número de partos pasados. Las mujeres primíparas notan molestias similares a las premenstruales.
Como las glándulas mamarias y el útero interaccionan gracias a las hormonas, la succión del bebé los primeros días provoca la liberación de oxitocina que desencadena las contracciones.

Los hematomas
Debido a la presión del bebé durante la fase de expulsión, pueden aparecer hematomas en la zona del periné que va desde la vagina al ano, o bien alrededor de la entrada de la vagina. Estos hematomas se curan espontáneamente en unas semanas y no revisten importancia alguna.

La episiotomía
Cuando el médico ha realizado una episiotomía durante el parto, la madre suele sentir tirones y otras molestias en la zona de la incisión.
La episiotomía se practica con más frecuencia en las mujeres primíparas porque tienen más posibilidades de sufrir desgarros. La sutura se suele realizar con hilo orgánico y los puntos se caen por sí solos alrededor del quinto día.
La zona suturada debe mantenerse limpia y seca. Conviene lavarla dos o tres veces al día y cada vez que se orina con agua hervida, bien con una compresa empapada o tomando baños de asiento. Después se puede secar presionando con gasas estériles o utilizando un secador de pelo. Hay que evitar la utilización de braguitas de tejidos sintéticos hasta que cicatrice la herida.
La intensidad de las molestias depende de la longitud del corte y de la sensibilidad de cada mujer al dolor. Si al orinar se produce escozor fuerte en la cicatriz puede aliviarlo dejando caer agua hervida tibia por la zona o colocando un trozo de hielo en unas gasas estériles y pasarlo por la sutura.
Si las molestias son intensas al sentarse, una buena solución es colocar un cojín blando o un flotador poco hinchado en la silla.
La cicatrización concluye en diez días aproximadamente, pero si se nota hinchazón o calor en la zona debe consultar con el médico. Si los tirones y molestias persisten después de dos o tres meses, el médico puede recomendar una “reparación quirúrgica”, prácticamente indolora, de la episiotomía realizada.

Hemorroides
En ocasiones, los esfuerzos que hace la madre para empujar durante el parto, provocan la formación de hemorroides que pueden ser dolorosas. El médico puede recetar una pomada antihemorroidal o algún tratamiento antiinflamatorio general que alivie las molestias sin perjudicar la lactancia. También se produce alivio momentáneo, aunque no duradero, si se aplica frío en la zona.

Estreñimiento
El estreñimiento es frecuente después de un parto porque al intestino le cuesta recuperar la movilidad. Este problema se agrava con la presencia de hemorroides y, sobre todo, por la aprensión de la madre a que se reabre la cicatriz de la episiotomía, cosa que es rarísimo que ocurra.
No hay que esperar para ir al lavabo porque esto intensifica el estreñimiento. Una dieta rica en fibra y tomar mucho líquido favorece el tránsito intestinal, así como algo de ejercicio muy suave.
Los laxantes tomados no están aconsejados durante el período de lactancia, pero si el estreñimiento es muy severo, el médico puede aconsejar un tratamiento a seguir.

Problemas urinarios
Miccionar con frecuencia es normal después del parto debido al exceso de líquidos que se acumulan en el cuerpo durante el embarazo. No tiene importancia y remite a medida que se autorregula el organismo.
La incontinencia urinaria es frecuente después de un parto difícil. Se debe a que los músculos del suelo pélvico se resienten. Estos músculos se encargan de sostener los órganos genitales internos, los rectales y los urinarios. El resentimiento provoca una pequeña incontinencia urinaria con pérdidas cuando se realiza algún esfuerzo (reír, toser, estornudar, etc.). La incontinencia también puede aparecer al final del embarazo y después de partos normales.
Cuando se ha aplicado epidural en el parto puede ocurrir que cueste vaciar la vejiga durante los dos primeros días porque la anestesia provoca que el tránsito urinario tarde más en volver a la normalidad.
En el hospital suelen recomendar algunos ejercicios para reeducar el perineo y evitar las pérdidas urinarias. No obstante, 8 ó 10 días después del parto, la madre puede acelerar la recuperación intentando cerrar los músculos, como para evitar que salga la orina y, tras unos segundos, relajarlos. Este ejercicio se repite 20 veces en tres momentos diferentes del día y se puede realizar en cualquier postura.

Sudoración
Cuando se acumula un exceso de líquido durante el embarazo, puede ocurrir que la madre sienta la necesidad de miccionar con frecuencia después de dar a luz, pero el organismo puede optar también por expulsar el líquido sobrante por medio de un exceso de sudoración, sobre todo por la noche. La transpiración excesiva desaparece poco después.

Cistitis
Puede ocurrir que la vejiga se contamine con gérmenes que procedan de la vagina o de los uréteres. Si durante el parto ha sido necesario colocar una sonda para vaciar la vejiga, ésta ha podido introducir gérmenes o bien haber lesionado la uretra produciendo la cistitis. Cuando ocurre este problema, el médico receta un tipo de antibiótico que no perjudica la lactancia.

Anemia
Es frecuente después del desgaste de un embarazo y la pérdida de sangre del parto. La anemia puede provocar una disminución de la presión arterial, mareos e incluso algún desmayo. El médico solicita unos análisis de sangre y receta un tratamiento con suplementos vitamínicos y de hierro.
Es aconsejable que la madre siga una dieta de alimentación equilibrada, sobre todo si amamanta al bebé.

El cansancio

Aunque los órganos de la madre se recuperan unas semanas después del parto, el organismo necesita varios meses para volver a la normalidad y recuperarse del esfuerzo que ha supuesto el embarazo y el parto.
Es imprescindible que la madre duerma y descanse, sobre todo las semanas siguientes al nacimiento. Debe organizar a la familia para contar con su ayuda, el padre, los abuelo, una hermana o una amiga pueden colaborar los primeros días para atender la casa y cuidar del bebé.
Durante el día puede hacer algunas pausas para descansar haciéndolas coincidir con los períodos de sueño del bebé. Una siesta por la tarde es beneficiosa para recuperar fuerzas y evitar que se acumule la tensión del día.
Aunque el bebé exige mucho tiempo de la madre, ésta debe reservar unos momentos “sólo para ella”, cuidar mucho su alimentación y no coger objetos pesados.

Dolores de espalda y en las piernas
Como ya ocurriera durante el embarazo, la madre puede sentir dolor en las piernas y en la espalda. Además de algunos ejercicios, los masajes alivian el dolor o las molestias pero evitando la zona del vientre porque los músculos y la piel todavía están distendidos.

¿Baño o ducha?
Después de un parto por vía natural, la madre puede ducharse desde el primer día. Cuando se ha practicado una cesárea, la ducha completa debe retrasarse hasta el cuarto o quinto día.
Para el baño hay que esperar hasta que los loquios hayan cesado completamente porque este cese indica que el cuello del útero está cerrado y no hay riesgo de contraer infecciones. Los primeros baños no deben ser muy prolongados y es conveniente que el agua no esté muy caliente, sobre todo si se ha practicado la episiotomía.
La piscina está desaconsejada hasta el cierre del cuello del útero y las irrigaciones vaginales están totalmente prohibidas.

La reaparición del período
La amenorrea (ausencia de regla) tiene diferente duración en función de si la madre da el pecho al bebé o no, pero en ambos casos las variaciones entre una mujer y otra son considerables, y en los dos casos las primeras reglas suelen ser más abundantes que las habituales.
Las mujeres que no amamantan suelen tener la primera regla entre la séptima y la novena semana después del parto.
Si la madre elige dar el pecho al bebé, la amenorrea puede prolongarse más de dieciséis semanas porque la lactancia bloquea el funcionamiento normal de los ovarios. El momento de esta primera regla es difícil de prever porque entran en juego otros factores como la frecuencia del amamantamiento. Cuando la alimentación del bebé es mixta, el período de amenorrea es menor. Conviene tener en cuenta que la regla puede reaparecer cuando el bebé aún toma el pecho.
Es aconsejable utilizar compresas cuando aparece la primera regla después de dar a luz y no utilizar tampones hasta el segundo o tercer mes por la sensibilidad de la zona.


Fuente: www.waece.org



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