Adolescentes: motivos para estudiar
Los tiempos han cambiado, vivimos una cultura dinámica donde los conocimientos tienen gran movilidad. En la actualidad diez años equivalen a un siglo de otros tiempos. La actitud generalizada de nuestro tiempo es la de seguir aprendiendo en un proceso de continuo aprendizaje y continua revisión de los conocimientos.


Las sociedades modernas exigen a la educación respuestas rápidas y efectivas no sólo para cumplir sus propios fines sino para atender los problemas del contexto social, político, económico, etc. Desde aumentar la productividad, alfabetizar en las nuevas tecnologías, adiestrar para el trabajo y hacer a las personas con más capacidad para el empleo hasta combatir la corrupción y humanizar las relaciones sociales.

Los alumnos y estudiantes se preguntan con cierta frecuencia porqué y para qué estudiar inmersos en un presente de continuos cambios personales y sociales. Las motivaciones profundas pierden terreno a favor de otras más ligeras y fácilmente digeribles. El contexto siembra confusión y desánimo entre los más jóvenes ofreciendo modelos de vida adulta ligados al egoísmo, el consumismo y la vida fácil.

Contestar a estas preguntas no es fácil. Decirte que el para qué tiene que ver con el futuro, con la idea de realizar un proyecto de vida con sentido. El porqué se acerca más a la conciencia: conciencia de quién soy, conciencia de nuestro sentido de la vida y conciencia de gratitud a los que me ayudan a ser lo que soy.

Un joven reflexionaba de esta forma: “lo que me suele pasar es que me propongo hacer algo y no lo cumplo, me cuesta ponerme a estudiar... Nunca he hecho un horario. A veces llego a pensar que el problema de lo que me pasa es que no tengo motivos para estudiar, es un aburrimiento, una rutina...” Yo le diría que el estudio no es algo que se hace a sí mismo, es algo que necesita ser motivado (estimulado) para que nazca y se mantenga. Encontrará la motivación para el aprendizaje cuando descubra que existe relación entre ese aprendizaje y alguna necesidad personal.

Muchas veces se escucha como argumento que los que estudian han visto frustrados sus sueños cuando tienen que dedicarse a algo que no esperaban. No deja de ser una lástima que un joven pierda el tren del estudio porque:

 - es hermoso saber.

 - porque el mundo tiene más cosas y más colores de lo que podemos ver y explicar.

 - porque la ignorancia pesa como una piedra.

 - porque se trata mejor a los demás cuando sabemos más.

 - porque podemos entender más rápido lo que nos perjudica y hace daño.

 - porque podemos entender más rápido lo que nos conviene.

 - porque la vida no es solamente hoy y hay que estar preparados para el mañana, aunque el futuro sea incierto y lejano.
 
¿Qué es estudiar?
Estudiar es una actividad por la cual ejercitamos el entendimiento para comprender una cosa. Y también, desde otro punto de vista, la actividad por la cual pensamos insistentemente en un asunto para resolver sobre él.

Estudiar es un intento sistemático de comprender, asimilar, fijar y recordar los contenidos objeto del aprendizaje, valiéndose de las técnicas adecuadas. Exige una actitud de la mente y de la voluntad, ambas tienen que tener la decisión de aprender. Para muchos estudiar es un oficio y es un arte. En el joven debe ser una actividad habitual.

Fundamentalmente, son tres las condiciones que se relacionan con el estudio y el aprendizaje:

PODER, tener cualidades personales, es decir, tener la capacidad mínima para emprender una serie de estudios. Está en relación con las aptitudes de tipo intelectual. La mayoría de nosotros tenemos un cociente intelectual suficiente, es decir, tenemos la capacidad necesaria para realizar unos estudios, siempre y cuando añadamos a esta capacidad otros elementos. En potencia, casi todos podemos estudiar. Si queremos y sabemos cómo hacerlo... si no podemos por las causas que sean, no lo lograremos.

QUERER implica poseer una motivación o deseo de aprender algo nuevo. Tienes que establecer una serie de metas y prioridades. Y ser consciente de que el estudio necesita sin excusas cierto esfuerzo y tenacidad, cierta renuncia y sacrificio, y que para llegar al final, al éxito, es preciso una dedicación diaria. Si no queremos, aunque podamos, porque tengamos todo lo necesario y sepamos, no lograremos nada.

SABER, que implica dominar unas destrezas, técnicas y estrategias de estudio determinadas: selección de información, resúmenes, esquemas, mapas conceptuales, estrategias de resolución de problemas, etc. Aunque queramos y sepamos, si no sabemos cómo hacerlo tampoco nos saldrá bien.

Estudiar ya no es una actividad básicamente memorística. Has de saber que en el rendimiento en el estudio sin duda influyen mucho factores, entre ellos tu situación familiar y tus condiciones de vida, factores de tipo emocional y afectivo, y las técnicas de estudio. Pero no te engañes, posiblemente el factor más determinante es que estés motivado por tus estudios. Hay mucho ejemplos que confirman que personas con unas capacidades normales, pero altamente motivadas, son capaces de obtener los mejores resultados.

Eres consciente que estudiar exige muchos años de dedicación. Recuerda tus primeros pasos en la escuela, entonces casi era un juego, se aprendía casi sin querer. Las cosas van cambiando con los años, cada vez tus estudios requieren más trabajo. Es lógico que decrezca el interés y en ocasiones pierdas las ganas de seguir trabajando. No todos los días se tiene el mismo ánimo. A tus padres y profesores les ocurre algo parecido. Pero hay que seguir haciendo cada uno su tarea. Todos debemos apelar a nuestra responsabilidad que nos impulsa a cumplir con nuestras obligaciones. Difícilmente encontraremos acomodo en la sociedad si no mantenemos nuestro trabajo, si no somos de fiar, si no ofrecemos garantía.
 
La Motivación
Los motivos son entendidos como causas que incitan a la acción (Muñoz Cuenca). Son esas palancas que mueven nuestra voluntad. Despiertan el interés, ayudan a centrar la atención, estimulan el deseo de aprender, conducen al esfuerzo. Aquí termina la función de los motivos. Son algo importantísimo, de gran ayuda para el estudiante. Pero no llegues a la falsa conclusión de que hacen innecesario el esfuerzo personal.

Debes tener presente que los motivos no surgen por sí mismos, sino que hay que adquirirlos y cultivarlos. Es importante que recuerdes que no sirve cualquier motivo: hay motivos buenos y malos, mejores y peores que otros.

De forma general podemos hablar de dos tipos de motivación:

1. Extrínseca o incentivación: los motivos proporcionan alguna clase de beneficio material. Se basa en satisfacer necesidades externas del estudiante. Para ello, otras personas (padres y profesores) le ofrecen incentivos, premios. Por ejemplo: dinero, una moto, un viaje, salir el fin de semana, etc. Los estímulos vienen desde fuera del estudiante. El móvil es externo al propio sujeto y viene a resultar que la actividad de estudiar se convierte en un medio para conseguir otros fines.

2. Intrínseca, trascendente o automotivación: los motivos proporcionan una satisfacción personal. Los motivos se asientan sobre la responsabilidad de nuestro deber como personas libres, y se orientan hacia el logro de nuestra propia mejora y la de los demás. Se basa en satisfacer necesidades internas del estudiante. Es realizada por el propio estudiante, él se motiva a sí mismo. Como el móvil nace en el propio individuo la actividad, en este caso de estudiar, gusta por sí misma.

Aunque los dos tipos de motivación suelen ir unidos, siempre prima alguno de ellos. Piensa que no todos suponen una mejora de la persona. Tu trabajo no sólo consiste en encontrar motivos para estudiar, sino que sean buenos y valiosos motivos.


Fuente: http://www.cnice.mecd.es

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