Adolescentes: los amigos de verano
Los amigos de verano son aquellos con los que nos reencontramos año tras año en nuestro lugar habitual de veraneo y que raramente vemos durante los meses laborales, o los que hacemos durante nuestras vacaciones en un destino determinado y de los que, a menudo, no volvemos a saber nada si no es a través de una felicitación navideña. A veces estas amistades no acaban de convencernos porque pensamos que pueden tener una influencia negativa sobre nuestros hijos. ¿Qué podemos hacer?
Los adultos, en general, cambiamos poco de un año a otro (alguna cana más a lo sumo), pero el caso de los adolescentes es distinto. La adolescencia se caracteriza básicamente por ser una época de grandes cambios que suceden muy deprisa. Este hecho hace que, a menudo, los amigos de nuestros hijos puedan cambiar de manera importante (y, a veces, radical) de un verano a otro. No son únicamente los cambios físicos propios de la pubertad, que nos preocupan relativamente poco, también están los cambios en los gustos, la conducta, la manera de actuar y de entender el mundo. Por lo tanto, puede ser que los amigos de verano de nuestros hijos que hemos visto crecer de año en año hayan hecho un cambio sustancial en los últimos meses, y no siempre en la dirección que desearíamos. Y estos cambios, algunas veces, no acaban de convencernos porque pensamos que pueden tener una influencia negativa sobre nuestros hijos.
Las posibilidades que tienen nuestros hijos, al llegar al lugar de vacaciones, de elegir a los amigos ocasionales, que habitualmente lo son por razón de la edad o del tamaño corporal, suelen ser más bien escasas. Por otro lado, hay que recordar que la edad cronológica y la madurez no siempre van a la par, lo que se observa sobre todo cuando se agrupan según el aspecto que tienen y no por su edad. Esto hace que nuestros hijos puedan juntarse con un grupo de edad parecida pero de madurez dispar.
También es posible que los integrantes del grupo que encuentren nuestros hijos sean algo mayores que ellos. Como a esta edad uno o dos años de diferencia puede ser un abismo, es posible que al reunirse con gente más mayor, nuestros hijos desarrollen conductas distintas de las que deberían tener para su edad pero que, aunque no nos gusten, tomarán igualmente porque es el peaje que van a tener que pagar para integrarse en ese grupo.
Así pues, si los amigos vacacionales de nuestros hijos no nos acaban de gustar, ¿qué podemos hacer?
Lo primero es hablar con nuestros hijos y preguntarles qué tal les va y si se lo pasan bien con sus amigos. No tenemos que dar por supuesto que, por el mero hecho que pasen la mayor parte del tiempo con ellos, se lo estén pasando genial. Tenemos que pensar que, cuando no hay otras alternativas, uno se agarra a lo único que tiene y, entre estar todo el día con sus padres (que bajo su punto de vista es como si fueran unos críos) o con sus amigos (aunque no les acaben de convencer) escogerán mayoritariamente la segunda opción, más que nada, porque es lo que se supone que deben hacer a esta edad.
Si a nuestros hijos no les acaban de gustar las actitudes, los gustos o los valores de sus amigos tienen dos posibles soluciones. La primera es buscar una pandilla alternativa. Según donde estemos disfrutando de nuestras vacaciones esta opción puede ser difícil de conseguir, pero no imposible. La segunda solución es buscar actividades familiares que satisfagan a todos, a padres e hijos. Esta última opción tiene la ventaja que, además de rescatarlos de un ambiente poco deseable, podremos disfrutar de la ocasión de tener tiempo para compartir y hablar con ellos con mucha más tranquilidad de la que disfrutamos durante el resto del año. Si éste es nuestro caso, que a nuestros hijos tampoco les acaban de convencer sus amigos, no deberíamos tener demasiados problemas.
El problema se puede plantear cuando a nosotros no nos gusten las amistades veraniegas de nuestros hijos pero a ellos les parezcan fantásticas y encima se lo estén pasando mejor que nunca. En este caso, si mantenemos una conversación con ellos lo más probable es que nos contesten que es el mejor verano de su vida. Por lo tanto, las dos posibles soluciones anteriores (buscar una pandilla alternativa o hacer actividades familiares) tendrán unas posibilidades de éxito más bien escasas. Además tendremos un problema añadido: estas también son NUESTRAS vacaciones y tenemos ganas de estar tranquilos y disfrutar de ellas. Pero sería una lástima que en quince días de vacaciones se fueran al traste nuestros esfuerzos como padres durante años. A pesar de todo, una buena charla distendida y no excesivamente moralista en la que les expongamos nuestro punto de vista razonado y nuestras inquietudes sobre el asunto nunca está de más.
Es importante que sepan lo que pensamos y cuáles son las cosas que no nos gustan. Hay muchos adolescentes que no hacen determinadas cosas porque saben que a sus padres no les gustaría que las hicieran, pero para que lo sepan, previamente tenemos que decírselo.
En ambos casos, tanto si hay coincidencia de opinión sobre los amigos como si hay disparidad, lo mejor opción siempre es la prevención. Por lo tanto, aconsejamos que, en previsión de esta eventualidad, a la hora de planear nuestras vacaciones busquemos un lugar en el que, a parte de poder disfrutar de nuestro más que merecido descanso, también tengamos oportunidades para hacer actividades familiares que sean del agrado de todos. Debemos recordar de todos modos que, aunque los amigos de verano de nuestros hijos sean encantadores y nos gusten mucho, hacer actividades familiares durante las vacaciones siempre es recomendable, y durante el resto del año también.
Joan-Carles Surís
Fuente: www.solohijos.com
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