
Prevención de accidentes
Accidentes más frecuentes y medidas de prevención
Caídas
Las caídas representan una causa frecuente de traumatismos en los niños desde que el niño comienza a moverse y empujar con sus pies. Esto aumenta a medida que el niño es capaz de rodar, gatear y hacer sus primeros intentos para ponerse de pie y caminar. Los padres deben ser cuidadosos de no dejar al niño solo sobre lugares elevados, como la mesa donde lo muda, cama, sofás y sillas; y deben colocar barreras en los extremos de las escaleras.
El uso de andador es absolutamente desaconsejado debido a que es un claro factor de riesgo de accidentes para los niños, que da una falsa sensación de seguridad a los padres y presenta el peligro de desplazamiento del menor a lugares fuera de la vigilancia de los mayores, quedando expuesto a vuelcos y caídas de escaleras.
A medida que progresa su desarrollo psicomotor, el niño comienza a correr, saltar y trepar, de manera que los padres además deben retirar los muebles de bordes afilados o duros del cuarto donde se encuentra, usar rejas protectoras en las ventanas sobre el primer piso y usar protección en los balcones. Los preescolares y niños mayores con frecuencia concurren a áreas de juego en parques y jardines, donde deben ser vigilados, especialmente evitando caídas de columpios y toboganes. Los niños escolares, frecuentemente sufren caídas andando en bicicleta por lo que se aconseja el uso de casco para prevenir traumatismos craneanos.
Quemaduras y escaldaduras (las escaldaduras son las lesiones producidas por contacto con líquidos calientes)
Éstas generalmente ocurren por falta de supervisión adecuada de un adulto, al no tomarse las medidas mínimas para prevenir que los elementos de calor no estén al alcance del niño en el hogar.
Dentro de otros factores que pueden aumentar la frecuencia de quemaduras están las condiciones ambientales en que vive la familia, el hacinamiento y una vivienda pequeña con espacios reducidos.
Los elementos más frecuentes causantes de estas lesiones son líquidos calientes (agua, sopas, aceite), metales calientes (plancha, tapa de horno, estufas, ollas), fuego (braseros, fósforos, fogatas, fuegos artificiales, incendio), líquidos inflamables (parafina, bencina), líquidos químicos (ácido muriático, soda cáustica), elementos eléctricos (plancha, enchufes, cables eléctricos).
Hay que prevenir a los padres que se aseguren que la temperatura de la tina de baño sea adecuada antes de introducir al niño al agua, que no deben tomar nada caliente cuando tienen al niño en los brazos, no deben dejar ningún recipiente con líquidos calientes al alcance o vista del niño, deben mantenerlo alejado de estufas u otros artefactos calientes. El niño no debe ingresar a la cocina, los padres deben asegurarse de que no haya cables eléctricos descubiertos, alargadores de fácil acceso, ni enchufes sin protección. Se aconseja el uso de alarma contra humo en el hogar para proteger al niño contra incendios. No deben usarse fuegos artificiales. Hay que educar a los padres para que, en caso de que ocurra una quemadura, deben inmediatamente sacar la ropa en la zona afectada y colocar la herida debajo del chorro de agua fría. Luego, deben cubrirla con una venda o paño limpio sin apretarla, y acudir a la consulta médica.
Atoramiento
El atoramiento es la obstrucción de las vías respiratorias por sustancias sólidas o líquidas que impiden la entrada de aire al aparato respiratorio.
Frecuentemente el sitio anatómico de la obstrucción es la laringe en los niños menores de un año, y la tráquea o bronquios en los niños de 1 a 4 años.
Las manifestaciones clínicas pueden ser variadas dependiendo del tamaño del cuerpo extraño, de su composición, del grado de bloqueo y la duración de la obstrucción.
El niño pequeño explora su ambiente llevándose todo a la boca, por lo que los padres nunca deben dejar objetos pequeños al alcance de Él (bolitas, monedas, botones, chicles, remedios). Además no deben ofrecerle alimentos sin cortar a un tamaño adecuado, y deben ser cuidadosos con el maní, cabritas, granos enteros de uva, y dulces duros que sólo deben ser ofrecidos sólo a niños mayores cuando ya mastican bien.
Se recomienda que el maní no se ofrecezca a niños menores de siete años. No debe haber globos desinflados al alcance de los niños pequeños, pues pueden ser aspirados a la faringe posterior, laringe o tráquea. Los niños deben jugar con juguetes apropiados para su edad.
Intoxicaciones
Las intoxicaciones constituyen aproximadamente el 7% de las consultas pediátricas de Urgencia y alrededor del 7% de los que consultan se hospitalizan.
En general estas hospitalizaciones ocurren en los Servicios de Cuidado Intensivo pediátrico, como consecuencia de la gravedad de los cuadros clínicos o por la necesidad de monitorizar estrechamente a estos pacientes.
En los países en que se han desarrollado planes de educación y prevención de las intoxicaciones, se ha logrado reducir Éstas hasta en un 50% e incluso algunas intoxicaciones han desaparecido.
Los padres deben guardar todo los medicamentos bajo llave y mantener los detergentes o productos de aseo fuera de la vista y alcance de los niños. Nunca deben colocar estas sustancias en envases de bebidas y deben tener al alcance los números de teléfono de emergencia.
La prevención de intoxicaciones considera la aplicación de técnicas activas y técnicas pasivas.
Las técnicas activas incluyen la educación de los padres y personas al cuidado de los niños en cuanto al almacenamiento adecuado de los productos tóxicos así como también la educación que los padres deben impartir a sus hijos.
Las técnicas activas también consideran el entrenamiento que deben recibir los padres para tratar al niño intoxicado en los primeros momentos que siguen a la intoxicación. Las técnicas pasivas incluyen el promover que se dicten leyes que obliguen a los fabricantes de productos tóxicos a utilizar envases "a prueba de niños" y a explicitar claramente la composición química de dichos productos indicando también el antídoto en el caso de que exista. Además se debe regular la venta de productos tóxicos a personas responsables que sean capaces de proteger a sus niños del tóxico adquirido.
Asfixia por inmersión
A los niños les encanta jugar con agua.
Se debe advertir a los padres que un lactante puede ahogarse en lugares con mínimos volúmenes de agua, incluso de 2,5 cm de profundidad. Los esfuerzos deben ir dirigidos principalmente a la prevención primaria, es decir, hay que evitar que el accidente se produzca, tomando todas las medidas de control adecuadas y una supervisión por un adulto apropiada.
Los padres no deben dejar nunca solo a un niño pequeño mientras se baña en la tina, ni siquiera por un instante. También requieren estricta vigilancia los niños mayores que sufren epilepsia.
Para disminuir el riesgo de ahogamiento en piscinas, es necesario mantenerlas protegidas con una reja circundante de al menos 1,5 m de alto con puertas y cerraduras a prueba de niños, además de una supervisión permanente por un adulto responsable mientras los niños juegan o nadan en el lugar.
Los niños mayores y adolescentes requieren supervisión durante actividades deportivas y recreativas en ríos, lagos o en el mar. En especial deben considerarse medidas de control y restricción sobre el expendio y uso de bebidas alcohólicas en los adolescentes debido a que es frecuente encontrar casos de asfixia por inmersión por efectos del alcohol. Como medidas de prevención secundaria, es aconsejable que los padres propietarios de piscinas y las personas relacionadas con la supervisión de actividades acuáticas estén adiestradas en las técnicas básicas de reanimación cardiopulmonar.
Accidentes de tránsito
Los accidentes por vehículos motorizados son la principal causa de muerte en los niños de 5 a 19 años, aunque constituyen un gran peligro a toda edad.
Los accidentes pueden ocurrir como peatón, siendo el niño atropellado al atravesar la calle en forma intempestiva. Esto ocurre habitualmente mientras el niño está jugando y afecta principalmente a niños entre 5 y 9 años. Los niños menores de 4 años generalmente son atropellados por vehículos que retroceden en estacionamientos cercanos a su domicilio. Los padres no deben dejar que los niños pequeños salgan solos a la calle y deben educar a sus hijos sobre como cruzar las calles (por ejemplo, enseñarles a cruzar en las esquinas y con luz verde peatonal).
Los accidentes también pueden ocurrir cuando el niño viaja como pasajero en un vehículo que se detiene en forma repentina o cuando se produce una colisión. El mecanismo fundamental de producción de lesiones es la absorción de la energía mecánica producida durante el choque. Esas lesiones pueden ocurrir a velocidades tan bajas como de 40 a 50 km/hora, y la gravedad suele reflejar el tipo de sujección que usa el pasajero.
Los padres deben llevar permanentemente a sus niños menores de 4 años en una silla de seguridad debidamente fija al auto y fomentar y exigir el uso de cinturón de seguridad para los niños mayores. Es fundamental la conducción responsable y ejemplificadora de los padres, respetando las normas de tránsito. En niños escolares y adolescentes, son también frecuentes los accidentes en bicicleta. Los esfuerzos más efectivos para reducir las lesiones en estos casos es el uso de casco.
El equipo de salud tiene un papel fundamental en la prevención de accidentes, a través de actividades educativas y consejos e indicaciones dadas a las familias durante las supervisiones de salud del niño. Es importante el desarrollo de programas de educación y prevención en la comunidad relativo a los riesgos de accidentes, el diseño de métodos apropiados para el tratamiento oportuno y eficiente de los niños lesionados y de programas de difusión que permitan el entrenamiento de la población respecto a normas de primeros auxilios y reanimación.
Dra. Patricia Valenzuela C.- Dr. Enrique Paris M.
Fuente: http://escuela.med.puc.cl

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