Mitad despierto, mitad dormido - Despertar súbito y pesadillas
Nos levantamos en medio de la noche por el grito desesperado de un hijo. Pesadillas, miedos y ansiedades visitan y perturban sus sueños. ¿Qué conviene hacer? ¿Cómo ayudarlo frente a estos despertares nocturnos?
Los chicos pueden despertarse en medio de la noche por varias razones. Sonambulismo, el despertar confusional y los terrores nocturnos son algunos de los llamados Despertares Parciales Súbitos; y, también, las conocidas pesadillas. Cada despertar tiene su característica propia y se da en momentos determinados. Es bueno conocerlos, porque eso permite actuar de la manera que realmente ayudará al pequeño.
Despertar Parcial Súbito
Ocurre durante la fase de sueño profundo. Su manifestación más habitual en la infancia es el despertar confusional, que tiene algunas características que permiten detectarlo:
• Ocurre a cualquier edad, pero es más recurrente en menores de 5 años.
• Se da, por lo general, en la primera mitad de la noche (generalmente a las 3 horas de dormido el niño).
• No se recuerda al día siguiente.
• El niño parece despierto, pero está dormido. Grita, transpira, luce entre contrariado y asustado.
• No nos reconoce, aún si tiene los ojos abiertos.
El despertar confusional
Se da en la etapa de sueño profundo. Como el hijo sigue dormido, sólo actuaremos si está por golpearse.
En el despertar confusional los chicos están como se los ve: medio dormidos y medio despiertos.
El terror nocturno es más raro y se da, habitualmente, en la adolescencia. Se caracteriza por los mismos síntomas detallados más arriba, con la diferencia de que su expresión es más violenta. Son episodios más cortos y pueden atemorizar más a los padres.
Sin actuar
Lo más adecuado es intervenir pasivamente, es decir, ir a su cuarto para evitar que se accidente. Mirarlo y esperar. No conviene abrazarlo, hablarle ni intentar despertarlo. En este estado, los chicos funcionan como si estuvieran dormidos. Está probado que cuanto menor sea la intervención, estos despertares durarán menos tiempo (la mayoría de las veces no supera los 15 minutos) y perderán frecuencia. Si se interviene, se genera lo contrario: serán más largos y más frecuentes. En la mayoría de los casos, cesa de manera espontánea y los chicos vuelven a dormirse tranquilamente.
Un chico es más propenso a vivir un despertar confusional cuando está agotado. Por eso, es recomendable que se respeten los horarios de sueño de los hijos. También existen situaciones que pueden dispararlos, como el mencionado cansancio extremo, las mudanzas y otros factores de estrés personal o familiar (incluido el nacimiento de un hermanito). Cuando llegan a la primaria, estos episodios suelen desaparecer.
Pesadillas, ¿qué hago?
Generalmente, las pesadillas empiezan a los 2 años, aunque pueden aparecer antes. Siempre tienen una connotación emocional, es decir, son probables expresiones oníricas de algún conflicto aún no elaborado. Ese tema no resuelto puede aflorar a través del sueño.
Cómo lo vive ella
A mi hija de 5 siempre le fue fácil dormirse. Desde chiquita yo la acostaba y, rápidamente, conciliaba el sueño. Pero hace unos meses empezó a despertarse lloriqueando antes de la medianoche. La primera vez, esperé a ver si se volvía a dormir sin levantarme de la cama. Pero, para mi sorpresa, la escuché bajar las escaleras y abrir la puerta de la cocina. Corrí a ver qué le pasaba. La encontré camino al lavadero, en la oscuridad. Cuando prendí las luces, la alcé al mismo tiempo que le decía: “Pichona, ¿estás bien?” Pero ella no me respondía.
Sólo me miraba fijo. Ante mi insistencia, se me acercó y me dio un beso con la misma mirada fija. Allí entendí que estaba medio despierta, medio dormida. La llevé a su cama, la tapé y se “volvió” a dormir. Ahora, cada vez que la escucho lloriquear, me apuro para llegar a su cuarto y, sin hablarle, la ayudo a acostarse, la vuelvo a tapar y ¡hasta mañana!
Ocurre más habitualmente durante las edades en las que los conflictos son frecuentes, es decir, cuando hay mucho por crecer, avanzar y desarrollar. De hecho, es esperable que las tengan tanto los más pequeños como los adolescentes. Su momento suele ser la segunda mitad de la noche, durante el sueño más liviano o superficial. Al día siguiente, los chicos recuerdan y reconocen perfectamente qué los despertó.
Cuando el chico se despierta con angustia y atemorizado, los padres pueden acercarse para contenerlo, abrazarlo y asegurarle que no pasa nada. Se quedan con él hasta que se sienta seguro. No hay que hacerse cómplice del objeto de la pesadilla (por ejemplo, si él dice que hay fantasmas debajo de su cama, de nada sirve mostrarle inmediatamente que no es así). La actitud más adecuada es la de padres compasivos y comprensivos.
Durante el día, podrán aprovechar un momento de tranquilidad para hablar sobre lo que le pasó aquella noche, con frases cortas, sencillas y acotadas, para que le resulte muy fácil entender.
Fuente: Dr. Francisco Milberg
Por Connie Acuña de Georgalos, Lic. en Psicopedagogía | Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla | www.hacerfamilia.com.ar







