Vida en el útero: los sentidos antes de nacer
Que un recién nacido pueda reconocer la voz de su madre no es una casualidad. Responde al sorprendente desarrollo intrauterino de sus sentidos, los que pone a prueba aún antes de nacer. Distintos estudios evidencian que a partir del quinto mes de gestación los bebés pueden oír dentro del útero materno; uno de los motivos por los cuales los especialistas dan tanta importancia a la estimulación prenatal.
Durante la vida intrauterina el feto no sólo estructura sus órganos para estar apto para la vida exterior, sino que desarrolla y ejercita algunos sentidos como el oído y la visión. Esto permite la activación de los sentidos en el útero y hasta donde llegan, filtrados, los estímulos externos. Si bien los especialistas son cautos a la hora de referirse al impacto en el desarrollo que representa el ejercicio de los sentidos en la vida intrauterina (ya que aún no existen evidencias definitivas respecto a su utilidad), sí son enfáticos al afirmar que el estímulo prenatal es importante, porque permite establecer un mejor vínculo madre e hijo.
¡Mamá, te escucho!
El sentido de la audición es uno de los más estudiados y en el que hay consenso para afirmar que está desarrollado y que se utiliza aún antes de nacer. El doctor Alfred Tomatis, otorrinolaringólogo francés, fue uno de los primeros en plantear que el feto oye. También afirmó que la voz de la madre transmitida por los huesos es el sonido más escuchado y que reacciona a ella con movimientos musculares a partir del séptimo mes.
El doctor Juan Luis Alcalde, ginecólogo de Clínica Las Condes, sostiene que “a partir de los 5 meses y medio de gestación el feto puede oír un sonido con determinadas características técnicas -frecuencia entre 75 hertz y 15 decibeles-. Los distintos movimientos del feto frente a estímulos sonoros, como por ejemplo la música, podrían evidenciar que tiene desarrollado el sentido de la audición, es decir, que puede oír y responder a ese estímulo”.
En este mismo sentido, el doctor Alfredo Germain, ginecólogo de la Universidad Católica, y especialista en Medicina Materno-Fetal, plantea que el niño posee discriminación auditiva, es decir, no oye igual un grito que la música o la voz de su madre. Por lo tanto, podría haber un cierto procesamiento del estímulo y no una simple respuesta a éste”.
Un estudio realizado con 60 fetos en China, publicado en la revista Psychological Sciences, demostró que pueden distinguir la voz de su madre de la de otras mujeres. Cuando se puso en el abdomen una cinta grabada con la voz de la madre el latido cardiaco del bebé aumentó, y cuando se colocó la de otra mujer el latido bajó y permaneció así durante y después de la grabación. Un estudio similar está realizando un equipo de especialistas de Clínica Las Condes, el cual busca comprobar si el feto oye. “Hasta el momento se ha visto que ante diversos estímulos, como puede ser un concierto de Mozart, los fetos emiten señales de agrado, como gestos
y movimientos placenteros”, afirma el doctor Alcalde.
Abrir y cerrar los ojos
El doctor Alfredo Germain sostiene que “alrededor de las 20 semanas de gestación el sentido de la vista funciona, ya que se ha comprobado que frente a estímulos externos hay un cambio en el comportamiento del feto. Pueden abrir, cerrar los ojos o parpadear, y su respuesta al estímulo lumínico son los movimientos o la aceleración de su frecuencia cardiaca. Si bien no se sabe cómo funciona, es decir, si el estímulo entra por el ojo o directamente al cráneo, morfológicamente su estructura ocular y las áreas de procesamiento en la corteza visual del cerebro están desarrolladas”.
Estudios en prematuros y recién nacidos a término demuestran que poseen atención visual, es decir, son capaces de seguir la luz en sentido horizontal y vertical y tienen recursos visuales variados como agudeza y sensibilidad al contraste, visión binocular y espacial. El especialista de la Universidad Católica afirma que hasta el tercer mes de vida postnatal el niño ve luces y sombras, no diferencia colores y enfoca a una distancia de 30-35 cm. que equivale a la distancia entre su cara y la de su madre cuando está colocado al pecho.
Dulce y salado
Según el doctor Germain, “el sentido del olfato está muy ligado al sentido del gusto, por lo que indirectamente se infiere que si es capaz de diferenciar olores podría eventualmente hacerlo con los sabores”. Se afirma que las estructuras funcionales de ambos sentidos se desarrollan entre las semanas 14 y 15 de gestación. A las 10 semanas, el niño ya mueve los brazos, se estira, abre su boca y comienza a ejercitar su respiración inhalando líquido amniótico. Cuando tiene tres meses es capaz de chupar y tragar este líquido y se estima que durante el último trimestre bebe alrededor de 300cc al día.
A las 33 semanas el recién nacido prematuro es capaz de chupar con más fuerza un biberón dulce que uno sin sabor. Las terminales nerviosas que permiten diferenciar los distintos sabores comienzan a desarrollarse a partir de la semana 14 a 16 y están completamente desarrolladas a partir de las 32 semanas. Esto se ha comprobado en niños prematuros que presentan preferencias por alimentos de sabor bien definido, en general los más dulces.
Fuente: www.interpadres.org

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