| De la espera a la esperanza |
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Enseñándole a nuestros hijos con el ejemplo para que no caigan en la apatía política Todavía recuerdo con algo de nostalgia las palabras que se repetían antes de ir a alguna reunión familiar: “No es de buena educación hablar en la mesa de política, ni de religión”. Por suerte, mi familia nunca hizo caso. Entre grito y grito, de manera apasionada, recorrían distintos aspectos de la historia argentina. De esta manera fui aprendiendo en mi niñez y adolescencia los nombres de los presidentes, gobernadores y diputados de distintos partidos. Qué tendencia tenía cada diario, qué pensaba determinado escritor y por qué, los hombres vinculados a la cultura, eran formadores de opinión. Todo era motivo de debate y de sano desacuerdo. Para mí, confieso, motivo de admiración hacia los mayores. Gracias a esos “desencuentros familiares” comprendí que la política era importante, pero mucho más importante, era el compromiso. Nunca se me habló de militancia, sin embargo, en mi casa no era bien visto ignorar nombres básicos de la realidad política. En realidad, la ignorancia en general, no era bienvenida. Hoy veo a muchos jóvenes tan lejanos a esos tiempos. Es más importante saber quién quedó nominado en la última emisión de cualquier reality, que saber quiénes son los candidatos que dirigirán el futuro de nuestro país. Como adultos, vivimos una apatía que se refleja en nuestro escepticismo y en nuestra falta de convicciones profundas, especialmente las cívicas. Es impensable que los jóvenes se comprometan con la política (o con algo que se les presente a futuro) si nosotros como padres y como mayores miramos este mundo con desinterés e incredulidad. Es cierto que nos han engañado mucho y que existen razones sobradas para la incredulidad, pero también es verdad que nuestros hijos van a vivir el mundo que heredan, y esa es nuestra responsabilidad. Resulta imprescindible que las nuevas generaciones renueven el entusiasmo por un país mejor y que vean, en la participación comprometida, la posibilidad de generar cambios. Teniendo en cuenta que la palabra “patria” deriva de la palabra “padres”, hoy, igual que siempre, tenemos la oportunidad de enseñarles a nuestros hijos que la única forma de construir la patria es salir de la espera, y transformarla en esperanza. Lic. Adrián Dall’Asta - Director Ejecutivo | Fundación Proyecto Padres | www.proyectopadres.org Comentarios (0)
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