Que los chicos no se frustren PDF Imprimir E-mail

Cuando apareció la psicología descubrimos qué era la frustración. No faltó mucho para que algunos psicólogos la volcaran a la educación y nos convencimos que era horrorosa, mala palabra, y la esquivamos tanto cuanto pudimos, en especial para nuestros hijos.

Todo se los dimos a nuestros hijos al alcance de la mano para que no se frustraran; respondimos inmediatamente a sus deseos, para que no sufrieran; los llenamos de juguetes, televisores y playstations, para que no se aburrieran.

No reprimimos sus impulsos, para que fueran libres y espontáneos; fuimos al colegio a quejarnos porque la maestra era injusta y los chicos estaban siendo sobreexigidos con deberes, lo que no les daba tiempo para ir a las clases de tenis, de taekwondo, comedia musical y batería. Nos pidieron ir al boliche y les dijimos que sí, nos pidieron el auto y les dijimos que sí, nos pidieron y nos pidieron y a todo les dijimos que sí. De pronto nos dimos cuenta que crecieron rodeados de todo, sin frustraciones, pero extrañamente no son felices.

Siguiendo el consejo de un amigo le hicimos a nuestro hijo un psicodiagnóstico y entre las características que aparecieron nos marcó el Lic. López que tiene “baja tolerancia a la frustración”, que ante cualquier dificultad u obstáculo que se le presente rápidamente “tira la toalla” y se deprime.

Nos dijo que tiene baja su autoestima, que no sabe que es lo que quiere, que tengamos cuidado con las conductas adictivas ya que ante todo lo que le brinde placer no puede posponer el estímulo hasta verlo saciado. No sabe qué estudiar ni que hacer de su vida. Solo disfruta viendo la televisión, en especial de un reality dónde varios jóvenes no hacen nada. La computadora le fascina, pero está muy lenta y eso lo enfurece. El deporte le divierte, pero no le gusta entrenar y como bajó su rendimiento prefirió no jugar más antes que soportar los malos resultados.

No puede proyectarse en el futuro formando una familia ya que no cree en la fidelidad y los hijos dan mucho trabajo. Quiere ser famoso, poderoso y millonario, si es posible las tres cosas juntas, siempre que las consiga por herencia, por ganar un concurso o vaya a saber uno por qué razón.

El psicólogo nos sugirió terapia y pautas claras en casa, que si no estudia, trabaje. Si quiere seguir viviendo con nosotros, sus padres, que se acomode a las reglas familiares, que asuma responsabilidades concretas y que empiece a planear su futuro.

Nos aconsejó no darle plata para sus salidas sino más bien que él mismo genere sus ingresos. Que lo contengamos pero que por su propio bien le hagamos ver que ya no es un chico, que las cosas en la vida no se dan gratis ni por obra de magia, que la casa en la que vive se hizo y se mantiene por nuestro esfuerzo, que lo bueno cuesta alcanzarlo.

En fin, nos dijo tantas cosas que con mi mujer hemos decidido cambiar de psicólogo. Lo que este nos dijo no nos gusta. Lo último que queremos es que nuestro hijo se frustre.

Prof. Eduardo Cazenave - Rector General del Colegio San Juan el Precursor - Profesional de la Fundación Proyecto Padres  | www.proyectopadres.org
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