| Criar hijos exitosos |
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Es común que los padres hablemos de los éxitos de nuestros hijos: si fue el goleador del torneo, abanderada, capitán del equipo, actor principal en el acto del colegio, mejor compañera, el promedio más alto. Comentamos en tés de madres y cafés de padres. Fijamos, sin darnos cuenta, un parámetro de éxito propio de un mundo adulto y competitivo. Les pasamos a nuestros hijos el estrés de ganar, el ser vencedor, el elegir una “carrera” como sinónimo de llegar primero. Desde ya que todos queremos que nuestros hijos triunfen y sean exitosos pero, ¿qué es el éxito? ¿Cuál es la medida para determinar si una persona es valiosa? Porque cuando nuestros hijos “fracasan” en estos términos, o los sobreprotegemos enojándonos con el entrenador que no lo pone en el equipo o con la maestra que le puso una mala nota, o bien los desalentamos generando en ellos una baja y peligrosa autoestima. El punto central es que, como padres, estamos equivocando el rumbo. Queremos hijos exitosos y no hijos felices. Esto no significa que no deban esforzarse por ser mejores, sino que debemos especificar, o corregir, en qué queremos que sean mejores. Lo verdaderamente importante en la vida es amar y ser amado, dos caras de una misma moneda: el amor. Entonces sí, entiendo que toda vida es un don y vale la pena ser vivida, que todos merecen ser amados y que saber amar hace grande a quién da y a quién recibe. Acá surge la pregunta: ¿Enseño a mis hijos a amar? ¿Les muestro diariamente, con gestos, actos y palabras (no solo con cosas) que son amados? ¿Me dejo amar por ellos? ¿Somos, como padre y madre, testimonio del amor humano? En términos bien humanos, estoy convencido que el enseñar y aprender a amar y ser amado es el sentido de nuestra vocación paterna y una garantía de felicidad para nuestros hijos. Ese es el verdadero fin, que sean felices, y solo puede encontrarse la felicidad en el amor. Mirado desde este punto, ser exitoso es ser feliz. Entonces descubro que mis hijos son lo más grande que tengo, no por los goles que hicieron ni las notas que se sacaron, el papel que tuvieron en la obra de teatro o si son los más lindos. Descubro que los adultos no somos valiosos por el puesto que ocupamos en la empresa, el auto que manejamos, cuánto ganamos por mes o dónde vivimos. Somos valiosos porque amamos, porque somos amados y somos afortunados porque tenemos en nuestras vidas la oportunidad diaria de ser padres y madres, testimonios del amor humano. Prof. Eduardo Cazenave - Rector General del Colegio San Juan el Precursor - Profesional de la Fundación Proyecto Padres | www.proyectopadres.org Comentarios (1)
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YO SOY UNA MADRE CON TRES HIJAS DE 8 ,6, Y 1 AÑO PUES MIS HIJAS ME CONSIDERAN MALA POR QUE AVESES SOY NERVIOSA CUANDO ME HACEN RENEGAR PIERDO LA PACIENCIA Y LES PEGO Y LUEGO ME ARREPIENTO PERO NO SE QUE DEBO HACER PARA CONTROLARME VEO QUE LES ESTOY AFECTANDO MIS HIJAS TIENEN MUY BAJA AUTOISTIMA ELLAS NO SE QUIEREN SE CONSIDERAN LAS MAS PEORS NO SE QUE DEBO HACER ACONSEJEME POR FABOR GRACIAS