Esta es una etapa de serenidad antes de la adolescencia, ideal para sembrar buenos hábitos en los hijos. Si aprovechamos eso, facilitamos su desarrollo e iremos puliéndolos como piedras preciosas.

Durante la llamada segunda infancia, los chicos viven una etapa de estabilidad. Por eso es quizás el mejor momento para fomentar en ellos las virtudes que quisiéramos ver encarnadas en sus personalidades cuando sean adultos.

A estas edades, tienen lugar un amplio número de Períodos Sensitivos que hacen referencia al comportamiento y al carácter.

Los Períodos Sensitivos, según Fernando Corominas, son fases de la vida directamente conectadas con el desarrollo humano. Los padres que conocen su existencia y sus características alcanzan una posición privilegiada que les permite proporcionar mejor ayuda a sus hijos.

Se trata de lapsos de tiempo que predisponen a una acción. Son momentos en la vida de los hijos en los que el aprendizaje de ciertos hábitos es ayudado por una tendencia natural. Se llaman sensitivos porque son independientes de la voluntad.

Para que nuestros hijos internalicen los mensajes y valores que vemos positivos para ellos, será necesario conocer los Períodos Sensitivos de cada edad y no dejarnos estar. Esta pedagogía innovadora que intentamos desarrollar influye directamente en el área de la educación, y -según los expertos- la influencia del aprendizaje es tres veces mayor que la carga genética.

Los chicos a esta edad están propensos a asumir valores como sinceridad, amistad, estudio, fortaleza y generosidad.

Conociendo y aprovechando los Períodos Sensitivos, los padres saben qué aristas de la persona trabajar en cada etapa, y ayudan a que sus hijos aprendan o incorporen lo mejor para ellos y saquen lo mejor de adentro de cada uno. Cabe recordar que los períodos aparecen una vez en la vida y desaparecen alrededor de los 20 años. Hasta los 12, tiene lugar el 80% de estos períodos. Qué importante sería que los poderes públicos tomaran conciencia de esta realidad y actuaran en consecuencia. Habría un ahorro enorme en gastos en seguridad y se contribuiría al desarrollo y a la felicidad de las personas.

Un arte con ciencia

La palabra “educar” está directamente relacionada con la formación de la voluntad, por eso el papel de los padres es crucial. No olvidemos que educar es siempre un arte, ya que no puede estar pautado por reglas fijas: cada persona es única e irrepetible. Pero si bien es arte, la educación es también una ciencia. Así, puede ser muy beneficioso para padres y docentes estudiar sobre estas teorías educativas y consagrarles horas de trabajo. Nuestros hijos son nuestra empresa más valiosa y vamos a dedicarles el tiempo que se merecen.

Conocer los Períodos Sensitivos facilita llegar de manera oportuna a los hijos para desarrollar sus mejores comportamientos y virtudes.

¿Cómo acompañarlos?

Estas son algunas facetas que pueden trabajarse mejor en estas edades:

Sinceridad: Por naturaleza, los hijos tienden a ser sinceros. Pero, si no se fomenta esa costumbre, pueden descubrir las “grandes ventajas” de saber mentir. La virtud de la sinceridad es especialmente necesaria en la adolescencia, por eso vale la pena que en este período conozcan su valor y se acostumbren a decir la verdad.

Estudio: Tienen un afán natural por aprender y una tendencia a la curiosidad. Cuando un niño a estas edades no estudia, se puede intuir que existe algún problema, y la mejor forma de que se recupere es descubrir este problema cuanto antes. Unido al estudio, desde los 3 a los 10 años es el momento de aprender las operaciones aritméticas y de agilizar la mente.

Generosidad: Es misión de los padres fomentar esta virtud, encauzarlos, guiarlos y hacerlos descubrir la necesidad de ser generosos y la alegría que se siente después de serlo. El servicio a los demás es un deber de las personas que se gratifica por sí mismo. Algunos ejemplos: dar las gracias, cuidar a un hermano enfermo, visitar a los abuelos, tomar lo peor del postre, saber perdonar, llamar a un amigo cuando falta al colegio, etc.

Fortaleza y carácter: Ayudar a los hijos a adquirir voluntad para la lucha y para alcanzar metas que cuestan. Para ello hay que esforzarse diaria y continuamente, como en un entrenamiento, en pequeños detalles que suponen un esfuerzo educando también la templanza: despertarse cuando suena el despertador, comer solamente durante las comidas y no pellizcar entre horas, bañarse a la hora señalada y aunque el agua no salga “muy caliente”, aprovechar el tiempo libre ocupándolo en actividades que distraigan.

Amistad: El Período Sensitivo abarca desde los doce años hasta los diecisiete. Es el momento de hacerles entender el valor de la amistad y de incentivar que lo experimenten, ya que es la etapa donde se eligen los grandes amigos. Si nuestros hijos están pendientes de las computadoras, videojuegos y demás pantallas que los aíslan, difícilmente puedan desarrollar esta faceta de la amistad.

Tallando y puliendo

Decía Miguel Ángel al contemplar el trozo de mármol: “La escultura está allí, sólo tengo que extraer los pedazos de piedra que sobran”. Nuestros hijos, en esta etapa de la vida, son como esa piedra dispuesta a ser tallada. Si queremos educar hijos seguros y con carácter necesitamos conocerlos y soñar con su futuro para lograr lo mejor de cada uno.

Nuestros hijos necesitan tanto del padre como de la madre, ya que ambos se complementan. Unidos y coordinados nos será más llevadero educar con amor. Así, como un diamante, nuestro hijo se pule con otra piedra, esa otra piedra que somos nosotros deberá ser incisiva, precisa y exacta para lograr ser un buen instrumento.

Si hemos trabajado con constancia, recogeremos los frutos más adelante. Algunos en la adolescencia, otros al pasar esta etapa de turbulencias. El interés por aprovechar este período es ya en sí algo positivo. ¡Qué maravilla tener un rato, marido y mujer, para pensar tranquilamente en cada uno de sus hijos!

Es importante tener en cuenta que, así como los expertos en diamantes pasan su vida tallando, puliendo y retocando sus piedras, y una vez listas las ponen en venta, nuestro diamante ya pulido tendrá un destino acorde con la dignidad y la grandeza de ese ser humano al que con tanto amor hemos acompañado en su crecimiento.

Más información: Diamantes por pulir, Ricardo Regidor- Elena López; Educar Hoy, Fernando Corominas; Psicología del Niño, Jean Piaget y B. Inhelder

Por Isabel A. de Dodds, Asesora familiar | Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla | www.hacerfamilia.com.ar
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