El cigarrillo en la preadolescencia

El inicio en el hábito de fumar se produce principalmente entre la niñez y la adolescencia y se está realizando cada vez en edades más tempranas, entre los 9 y 11 años. Debido a que es más fácil frenar el inicio que conseguir que los fumadores dejen de serlo, para los médicos es importante la prevención del inicio en el tabaco; en cambio para la industria del tabaco es importante conseguir todo lo contrario, es decir lograr que los niños comiencen a fumar tempranamente, pues así se afianza la adicción. Hacia esto se dirige la publicidad del tabaco, antítesis de la salud y la cordura.
El ambiente familiar del cigarrillo, sobre todo los padres y hermanos fumadores, la presión de grupo y los maestros de la escuela son patrones vivos e inevitables a seguir por el joven. Las películas, televisión, radio y la publicidad en general son circunstancias evitables en teoría pero no en la práctica. La publicidad en el tabaco sirve exclusivamente par el reclutamiento en masa de los jóvenes y el mantenimiento de esta adicción.
La prevención y el ejemplo siguen siendo la mejor manera de evitar o reducir el consumo de cigarrillos en los hijos. Sin embargo, el cómo los padres deben enfrentar el momento en que los hijos empiezan a fumar, es una pregunta que inquieta a muchos.
A la hora de enfrentar el tema, es bueno que los padres tengan presente que mientras más temprano sea el inicio del consumo, mayor es el riesgo de enfermedades relacionadas y más difícil se vuelve dejarlo.
Al niño/adolescente hay que explicarle a lo que se va a enfrentar, hay que darle argumentos para que elija correctamente sobre el tabaco, y hay que motivarle para que no se inicie, ya que a estas edades la motivación para el abandono es muy débil aunque les razonemos el lado positivo
del mismo: dientes mas blancos, desaparición de la halitosis, dedos sin manchas, mayor resistencia y capacidad para el deporte.
No es conveniente insistir sobre el cáncer y la mortalidad prematura que arrastra el tabaquismo, porque para el adolescente expresarle problemas de los 40 - 50 años de edad es algo muy lejos, y además difícil de creer al observar la permisividad en la publicidad y venta de cigarrillos.
Así también, el tabaco es considerado potencialmente por algunos especialistas como un umbral de entrada al consumo de otras sustancias más nocivas.
Por qué fuman los jóvenes
Las razones de inicio en este hábito por lo general se asocian a lo que consiguen a través del consumo, más que el gusto por el cigarrillo en si mismo.
Son muy pocos los casos en que el cigarro o sus efectos les son agradables, pero hacerlo les permite sentirse parte del grupo de amigos o bien “alcanzar” la imagen que se vende a través de la publicidad, e incluso en ocasiones lo ocupan como medio de captar la atención de sus padres.
En cuanto a la propensión al consumo, los hijos de padres fumadores son los que presentan mayor riesgo de iniciarse en el hábito.
Prevención
Los jóvenes actúan siguiendo un modelo, por lo que la mejor forma de evitar que los hijos fumen es que dicha conducta no esté presente en su casa. Si los padres fuman, lo ideal es que no se haga delante de ellos.
La entrega de información y la actitud contraria hacia la conducta fumadora son dos aspectos que refuerzan la prevención.
Los padres debieran, además, reforzar la conducta no fumadora en aquellos que no la presenten, especialmente los amigos de su hijo que no lo hacen.
Considerando que muchas veces el fumar se realiza siguiendo los parámetros de su grupo de amigos, entregar argumentos y enseñar a decir ‘no’ a los hijos es altamente necesario para prepararlos a responder frente a la presión social.
Los padres pueden intentar representar la situación con sus hijos, donde se actúen distintas maneras de negarse ante la petición de los amigos, intercambiando los roles, es decir, dando la oportunidad a los hijos de representar a quien presiona y a quien se niega.
Otra estrategia de prevención tiene que ver con discutir la falsedad de los atributos que se asocian a los fumadores en los avisos publicitarios.
Sin imposiciones
Los expertos en el tema señalan que cuando un hijo empieza a fumar la actitud de los padres no debe ser nunca “amenazadora ni represora, pero tampoco complaciente; si los padres consideran que el tabaco es un mal hábito, no deben callar y deben hacerlo saber a sus hijos”.
Si la opción de los padres es intentar detener el hábito, tendrán que poner al tanto de esta decisión al adolescente, mostrándose firmes, comprensivos y dispuestos a ayudarlo.
Pueden, además, orientarlo a encontrar motivos personales para dejar de fumar, e incluso, si los padres son fumadores, pueden acordar una fecha para dejarlo de hacer juntos.
Fuente: http://www.ladosis.com
¿Te interesó este artículo? Leé más notas sobre salud en preadolescencia

| < Prev | Próximo > |
|---|





