Anemia en el niño  Aprendé todo sobre esta enfermedad y cómo saber si tu hijo la padece.
Entendemos por Anemia, la disminución de la hemoglobina por debajo de los límites inferiores considerados como normales de acuerdo a la edad y el sexo.
La hemoglobina es una sustancia presente en los glóbulos rojos de la sangre, éstos se encargan de transportar el oxígeno a todos los tejidos y órganos del cuerpo.
En la actualidad se considera como anemia en niños, un valor de hemoglobina por debajo de los 11 g/dl (para los menores de 6 meses de edad, salvo los recién nacidos) y por debajo de los 12 g/dl para los mayores de 6 meses. También es equivalente un valor de hematocrito menor de 33 % y de 35 % respectivamente.
De acuerdo a la OMS (Organización Mundial de la Salud) los criterios de severidad son: • Anemia leve: hemoglobina mayor de 10 g/dl. • Anemia moderada: hemoglobina entre 8-10 g/dl. • Anemia severa: hemoglobina menor de 8 g/dl
Las causas de anemia en el niño En orden decreciente de frecuencia, las principales causas de anemia son:
1. Deficiencia de hierro: es la principal causa de anemia infantil. Ocurre por un aporte de hierro disminuido debido a: una ingestión inadecuada (dieta pobre en alimentos ricos en hierro -vísceras, calamares, pavo, huevo, pollo, pescado blanco, granos, harina de maíz, trigo, espinacas- y deficiente ingesta de vitamina C –vegetalesverdesfrescos, frutas-); y una absorción disminuída (consumo excesivo de antiácidos, bebidas carbonatadas, vómitos y diarrea). 2. Parasitosis intestinal: existen parásitos llamados helmintos (gusanos) que provocan pérdida sanguínea a nivel intestinal o se alimentan de sangre llevando a la anemia. 3. Empleo de leche entera de vaca: los niños menores de 1 año no deben tomar leche entera de vaca u otros animales, ya que la digestión de ésta no es adecuada y se puede producir una enteropatía perdedora de glóbulos rojos, enfermedad en la cual se presenta una salida periódica de glóbulos rojos hacia la luz intestinal y con el tiempo anemia. 4. Enfermedades: existen diversas patologías tanto agudas como crónicas que ocasionan disminución de los valores de hemoglobina en el niño. Entre las agudas tenemos: infección urinaria, fiebre tifoidea, infección por citomegalovirus; entre las crónicas se cuentan: la infección por VIH, paludismo, insuficiencia renal crónica, neoplasias y tumores. 5. Deficiencia de vitamina B12 y/o ácido fólico: ocurre cuando la dieta es pobre en alimentos que los contienen (vísceras,pescado,leche,huevos,vegetalesverdes y frutas). 6. Intoxicación crónica por plomo: la exposición diaria a la contaminación ambiental que producen las fábricas de pinturas, tintes, baterías y talleres de metalmecánica, puede llevar a la intoxicación progresiva del organismo por partículas de plomo y ocasionar anemia recurrente (de difícil tratamiento).
Los síntomas de los niños anémicos La anemia puede producir diferentes síntomas de acuerdo a su severidad, pero en la mayoría de los casos, los niños anémicos presentan: sensación de frío, palidez cutáneo-mucosa (más evidente en manos y labios), fatiga, somnolencia (sueño excesivo y permanente), irritabilidad, decaimiento o apatía, debilidad muscular, adelgazamiento, hiporexia (disminución del apetito), taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca), infecciones a repetición, retardo en el crecimiento y en el desarrollo psicomotor. Anemia y cerebro infantil Las últimas investigaciones han revelado la estrecha relación existente entre las cifras de hemoglobina y el funcionamiento del cerebro de los infantes, a este respecto sabemos que, el hierro es necesario para que se den las conexiones neuronales, así como para el funcionamiento de los neurotrasmisores (sustancias químicas que se encuentran en el cerebro y permiten la transmisión de la información y actividad eléctrica). En el caso de los niños anémicos esta alteración o deficiencia provoca bajo rendimiento intelectual, dificultades del aprendizaje, disminución en su desempeño cognitivo y por ende fracaso escolar. Por otra parte, los niños anémicos se muestran menos afectuosos, menos adaptados al medio y presentan mas trastornos de conducta. El diagnóstico de la anemia infantil Para diagnosticar la anemia, el pediatra debe realizar primeramente una exhaustiva Historia Clínica, la cual nos permite conocer la existencia o no de antecedentes importantes como factores de riesgo de anemia. Asimismo obtenemos información acerca de los hábitos alimenticios del niño y de la familia. Luego pasamos a realizar el Examen Físico, que nos revelará los síntomas y signos clínicos, así como las manifestaciones conductuales que pueda presentar el pequeño. En tercer lugar se procede a solicitar los Exámenes de Laboratorio (hematología completa, frotis de sangre periférica, examen de heces, examen de orina), así como pruebas más específicas que nos permiten detectar la deficiencia de hierro, tales como hierro sérico, ferritina sérica e índice de saturación de transferrina). Con toda la información anterior, podemos establecer entonces la causa de la anemia, su grado de severidad y el tratamiento adecuado. El tratamiento del niño anémico El tratamiento del niño anémico dependerá de la severidad del caso, de la causa que lo origina y de la edad del niño. Primeramente se deben dar las recomendaciones nutricionales para garantizar el aporte adecuado de hierro, vitaminas y oligoelementos. Se inicia la administración oral de preparados de hierro (sulfato ferroso, gluconato o polimaltosato de hierro, éste último se prefiere por su mejor tolerancia y beneficios). La dosis de hierro elemental es de 3 a 6 mg por kilo de peso por día. Se debe dar la dosis fraccionada en dos o tres tomas diarias, preferiblemente alejadas de las comidas. El tiempo de administración dependerá de los exámenes de control y de la desaparición de los síntomas. También el hierro se puede administrar por inyección intramuscular o endovenosa en casos de estar comprometida la vía oral. En los casos de anemia severa y sobre todo acompañada de problemas respiratorios se emplea la transfusión sanguínea, bien sea con sangre completa o con concentrado de glóbulos rojos. ¿Cómo prevenir la anemia en los niños? La primera medida para prevenir la anemia en los niños es asegurarnos que la madre embarazada no la tenga, esto se logra con un buen control prenatal. En segundo lugar debemos incentivar y asegurar una lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses de vida y complementada en los dos años de vida del bebé. En los casos de lactancia artificial, solo utilizar las fórmulas infantiles (tanto de inicio como de continuación), ya que éstas vienen con agregado de hierro. El tercer paso es lograr una alimentación adecuada que le brinde al niño todos los requerimientos nutricionales necesarios para su óptimo crecimiento y desarrollo. En cuarto lugar se recomienda la utilización de suplementos de hierro en forma preventiva, en niños prematuros a partir de la segunda semana de vida y en niños a término a partir de los tres meses de edad. Otras medidas importantes son el descarte periódico de la parasitosis intestinal y el tratamiento oportuno de las infecciones. En resumen, lo que garantiza la prevención total de la anemia infantil, es acudir al control pediátrico, así como seguir las indicaciones terapéuticas y consejos nutricionales que se derivan de esa consulta.
Dr Eduardo R. Hernández González - Pediatra y Especialista en Conducta Infantil. Fuente: www.zonapediatrica.com
¿Te interesó este artículo? ¡Quizás también te interesen los siguientes!
La llegada de un hermanito: prepara a tu hijo
Hablar con su hijo acerca da la diabetes
|
¿Qué es la fimosis? Corresponde a la estrechez del prepucio (piel que cubre al glande) que impide su reducción por detrás del glande (cabeza del pene) solo después de haber cumplido el niños los 3 a 4 años.
Se le suele confundir con las adherencia balanoprepuciales fisiológicas que suelen impedir la reducción en un gran numero de lactantes. La fimosis es en general es poco frecuente en el niño (1%). Un buen número de ellas son secundarias a verdaderas cicatrices o fibrosis derivadas de la reducción forzada o dilatación precoz del prepucio
¿Están indicados los ejercicios para retraer el prepucio? No, deje a la naturaleza actuar por si sola, no haga nada que su medico le aconseje.
¿Cuando se indica la circuncisión? La circuncisión estará indicada en aquellos niños mayores de 3 años cuyo prepucio no puede ser reducido detrás del glande y que se acompaña de molestias como picazón o prurito, o infecciones supuradas del espacio que queda entre la piel y el glande. La intervención puede postergarse mientras existan dudas ya que la intervención puede ser efectuada a cualquier edad con minimas molestias.
¿Existe otro tipo de fimosis? Efectivamente, es la llamada fimosis tardía, en que son escolares que desarrollan una estrechez prepucial después de haber tenido un prepucio normal y reductible sin antecedentes de infección o de trauma local. Se debe a una afección dermatológica con componente alérgico correspondiente a un Liquen (balanitis xerotica) que puede llevar a una verdadera cicatriz y reducir el meato uretral. En este caso la estrechez prepucial es progresiva y muy severa por lo que siempre debe ser intervenida. Dr. Pedro Barreda
Fuente: http://www.pediatrachile.com
¿Te interesó este artículo? ¡Quizás también te interesen los siguientes!
Antibióticos. Cuándo no.
Hablar con su hijo acerca da la diabetes
La llegada de un hermanito: prepara a tu hijo 
La llegada de otro bebé a la casa es un acontecimiento emocionante para toda la familia. Sin embargo, se necesita mucha preparación, ya que también es un momento de adaptación para usted y para su hijo/a mayor.
Si bien un/a hermano/a es un regalo muy especial que su hijo/a apreciará toda su vida, además de sentirse entusiasmado/a, es posible que se sienta desplazado/a, celoso/a e incluso enojado/a en ciertos momentos. Una buena manera de imaginarse lo que su hijo/a está sintiendo es pensar en cómo se sentiría usted si alguien le dijera que porque la ama tanto, quiere otra persona igual a usted. Mientras prepara su casa para la llegada del bebé, es importante que también prepare a su hijo/a mayor.
Cómo ayudar a su familia a adaptarse Mantenga informado/a a su hijo/a mayor. Es importante que le diga pronto a su hijo/a que va a tener un/a hermanito/a. No solamente necesita tiempo para adaptarse, sino que además no sería bueno que se enterara por otra persona. Hágalo/a participar desde el comienzo, especialmente si es grande. Llévelo/a al médico con usted, deje que escuche el latido del corazón del bebé y que ayude con los preparativos. Déjelo/a participar en algunas decisiones que usted deba tomar para que se dé cuenta de la importancia de su papel de hermano/a mayor. Sobre todo, asegúrese de comunicarle lo que ocurrirá cuando llegue el gran momento. Por ejemplo, dígale cuánto tiempo usted se irá de casa y dónde se quedará él/ella. Algunos hospitales tienen clases para hermanos y también para padres, así que es buena idea informarse sobre ellas.
Mantenga los ojos y los oídos bien abiertos. Asegúrese de escuchar y observar a su hijo/a durante su embarazo. Pregúntele con frecuencia cómo se siente con respecto al/a la nuevo/a hermanito/a. Hay muchos libros infantiles sobre la llegada de un/a hermanito/a y haciendose un hermano/a mayor que usted puede leerle. Trate de visitar con su hijo/a a una amiga que tenga un bebé recién nacido. Use una muñeca para practicar cómo tener a un bebé en brazos. Cuéntele a su hijo/a historias de cuando él/ella era bebé y muéstrele fotos. Es posible que su hijo/a no tenga interés en hablar sobre el bebé que va a nacer, y eso es normal. Si bien puede tener una regresión o necesitar un poco más de cariño y atención, no rompa las reglas. Empiece con la transición lo más pronto que pueda. Si su hijo/a tendrá que sufrir cambios como resultado de la llegada de su hermanito/a, por ejemplo, cambiar de habitación, pasar de la cuna a la cama o dejar los pañales, asegúrese de comenzar con la transición lo más pronto posible. Dígale que el cambio se debe a que va a convertirse en un/a niño/a grande y no a la llegada de un bebé. Explíquele que ha crecido y por eso debe probar algo nuevo. Haga hincapié en su independencia, especialmente si el bebé va a dormir en la habitación de usted cuando nazca. Asegúrese de que su hijo/a sepa cómo se comportan normalmente los bebés. Es posible que los bebés no sean muy divertidos al principio, pero aún así necesitan mucho cuidado y atención. Tenga cuidado con lo que usted hace y dice. Tenga cuidado de no culpar al bebé de sus limitaciones porque, si lo hace, su hijo/a puede enojarse con su nuevo/a hermanito/a antes de que nazca. Por ejemplo, en lugar de decirle a su hijo/a que usted no puede sentarse en el piso para jugar con él/ella porque tiene un bebé en la panza, dígale que no puede sentarse en el piso a jugar porque le duele la espalda. Cuando otras personas la visiten antes y después de que nazca el bebé, asegúrese de que su hijo/a también reciba algo de atención. Por ejemplo, cuando las visitas traigan regalos para el bebé, tenga a mano algunos regalos para el/la hermano/a mayor. Reserve tiempo para pasar a solas con su hijo/a mayor. Después de la llegada del bebé, asegúrese de reservar algo de tiempo para pasar a solas con su niño/a mayor. Hágale sentir que es el/la hermano/a mayor importante. Hágalo/a participar en un recado o tarea que solamente él/ella y usted compartan. Encárguese usted de llevarlo/a a la cama, bañarlo/a o leerle otro cuento a la hora de dormir. También es buena idea hacer que pase tiempo a solas con su papá o con otro pariente para que se sienta especial. Ocúpese de sus propias necesidades. Usted estará todavía más agotada con la llegada de su segundo/a hijo/a porque tendrá más de un/a niño/a a quien cuidar. Para evitar tanto agotamiento, puede organizarse de muchas formas antes de que el bebé nazca, por ejemplo, almacene comidas fáciles de preparar, organice la ayuda que recibirá, planifique el cuidado de su hijo/a y tómese tiempo para usted o para compartirlo con otro adulto.
Fuente: http://espanol.onetoughjob.org
Mi hijo quiere más a los abuelos
Qué hacer cuando el hijo está muy apegado a la madre
|
Hablar con su hijo acerca da la diabetes 
Como padre de un niño con diabetes tipo 1 o tipo 2, quizás en un primer momento, se sienta conmocionado, triste o hasta incluso enojado o culpable: son emociones perfectamente normales. Pero cuanto más sepa acerca de la diabetes, menos ansiedad sentirá y mejor preparado estará para hablar de esta enfermedad con su hijo; podrá ayudarlo a manejar la enfermedad y, en definitiva, permitirá que su hijo aprenda a asumir con responsabilidad su diabetes.
Cómo empezar Cuando hable por primera vez con su hijo acerca de la diabetes, es importante que lo haga de una manera adecuada para su edad (más adelante encontrará sugerencias al respecto) y que le diga siempre la verdad. No se desanime frente a todas las preguntas de su hijo. Responder a esas preguntas también puede ayudarlo a usted a aprender más acerca de la diabetes. Es posible que los niños a los que se les diagnostica diabetes crean que la aparición de la enfermedad se debe a que han hecho algo malo. Es importante que los padres hagan hincapié, especialmente si se trata de niños pequeños, en que los niños no desarrollan la diabetes por haber hecho algo malo. Asegúrese de que su hijo comprenda que la diabetes no desaparecerá, sin importar cuánto lo desee. Hágale saber que es normal que sienta tristeza o disgusto por tener diabetes y permítale hablar abiertamente acerca de su enfermedad. Quizás también sea necesario que hable sobre la diabetes con sus otros hijos: ellos podrían llegar a sentir celos a causa de la mayor atención que recibe su hijo diabético o podrían estar preocupados frente a la posibilidad de que a ellos también se les diagnostique diabetes.
Transmitir el mensaje correcto Las palabras que utilice pueden transmitir un mensaje muy importante acerca de la diabetes (y del papel de su hijo en el manejo de la enfermedad). Sea positivo. Haga hincapié en que juntos pueden controlar la diabetes y en que cuanto mejor lo hagan, menor será la interferencia de ésta en las actividades del niño. Evite usar palabras como "engañar" o "portarse mal" si su hijo se desvía del programa de control de la diabetes. Es mejor si lo ayuda a comprender la relación que existe entre la alimentación y el ejercicio, y cómo estas actividades afectan los niveles de azúcar en la sangre. Debido a que los niños toman como referencia a sus padres, la manera en la que usted haga frente a la enfermedad determinará la actitud de su hijo para hablar de la diabetes. Si la diabetes le genera una gran tensión, es muy probable que a su hijo le ocurra lo mismo. Por ejemplo, si reacciona de forma exagerada frente a una lectura baja de azúcar en la sangre, tal vez su hijo no tenga ganas de jugar por temor a que ocurra algo malo. Si se altera porque su hijo tiene un nivel elevado de azúcar en la sangre puede provocar que en el futuro él no sea del todo honesto con respecto a sus niveles de azúcar. También es difícil pretender que un niño con diabetes limite los dulces o realice ejercicio habitualmente si convive con padres y hermanos que no lo hacen. Organice una charla familiar en la que se destaque por qué un estilo de vida sano es importante para todos (y no sólo para las personas con diabetes). Al incluir a todos los miembros de la familia en la planificación de las comidas y otras actividades, su hijo no sentirá que es diferente a los demás ni que está siendo castigado por padecer de diabetes.
Charlas acerca de la diabetes para las diferentes edades A continuación se presentan algunas ideas para adaptar la charla sobre la diabetes a la edad de su hijo. Si no está seguro de lo que su hijo es capaz de soportar emocionalmente, consulte con su equipo de tratamiento médico de la diabetes.
Los bebés y los niños pequeños no comprenden por qué se les aplican inyecciones ni por qué se les pinchan los dedos de las manos y los pies. Para ayudarlos a aprender, intente que los análisis de los niveles de azúcar y las inyecciones de insulina se transformen en parte de la rutina diaria del niño, como el cambio de pañales y la siesta. Realice los cuidados para la diabetes con rapidez, suavidad y de manera tranquilizadora, y una vez que termine utilice palabras afectuosas que lo mantengan calmo.
Los niños en edad preescolar aún dependen de sus padres para manejar su diabetes. Se les deben explicar las tareas relacionadas con la diabetes de manera sencilla. Los padres pueden ayudarlos a sentir que tienen parte del control si les permiten elegir en qué lugar del cuerpo prefieren recibir su inyección de insulina y en qué dedo prefieren hacerse la prueba de glucosa en sangre.
Los niños de la escuela primaria y media deben comenzar a aprender a manejar el cuidado de su diabetes, pero aún necesitan la participación de los padres. Bríndele todo su apoyo a su hijo, pero no lo presione mientras va aprendiendo a hacerse poco a poco responsable de los cuidados que implica la diabetes. El médico o el equipo encargado del tratamiento de la diabetes le pueden sugerir en qué responsabilidades hacer hincapié, según la edad del niño. A medida que los niños crecen, se van interesando más en ser independientes y les molesta más parecer diferentes del resto de sus compañeros. Elogie a su hijo cada vez que asuma una nueva responsabilidad en el cuidado de su diabetes, pero también sea comprensivo cuando se presente algún retroceso temporal (lo cual puede ser muy común en momentos en los que él esté tensionado). Evite sobreprotegerlo y reafirme la meta (y la expectativa) de que los niños con diabetes pueden hacer las mismas cosas que los niños que no la padecen. También puede explicarle de qué manera ser responsable en el cuidado de su diabetes hará que sea más sencillo participar de actividades divertidas, como fiestas o quedarse a dormir en la casa de algún amigo.
Los adolescentes pueden llegar a tomar decisiones desacertadas sobre el cuidado de su diabetes por la presión de su grupo, por miedo a ser diferentes de sus amigos y por su sentimiento de ser invencibles. Es importante hablar con ellos acerca de las drogas, el alcohol, la sexualidad y otros temas, y de cómo estos factores pueden afectar su diabetes y su salud general. La línea que separa el brindar apoyo del sermonear es muy fina, por eso es importante que usted exprese sus preocupaciones de manera afectuosa.
Sin importar la edad de su hijo, encontrar un grupo de apoyo para niños y familias con diabetes puede ser muy útil. De esta manera, pueden relacionarse con otros niños que padecen de diabetes y no sentirse tan solos. La comunicación abierta y honesta es fundamental para hablar acerca de la diabetes con los niños y los adolescentes. Cuanto más hable con su hijo y cuanto más lo involucre en el cuidado de la diabetes, más preparados estarán todos para cuando no estén juntos.
Revisado por: Steven Dowshen, MD
Fuente: http://kidshealth.org
¿Te interesó este artículo? ¡Quizás también te interesen los siguientes!
Visión preescolar (desde los 2 hasta los 5 años)
Enuresis/Encopresis - Trastornos de la eliminación
 Antibióticos. Cuándo no. Los antibióticos son potentes agentes que sirven para tratar algunas infecciones, especialmente las causadas por bacterias.
Las bacterias son organismos simples que pueden causar diferentes enfermedades como neumonía, infección de orina, etc., estas infecciones se tratan con antibióticos. Los virus son agentes infecciosos extremadamente pequeños, que también pueden producir muchas enfermedades y son los que provocan la mayoría de las infecciones en los niños. Los antibióticos actúan sólo en infecciones bacterianas, no son efectivos en infecciones causadas por virus, como por ejemplo, la gripe o el resfrío común.
¿A qué se llama resistencia bacteriana? Algunas bacterias desarrollan resistencia a los antibióticos. Es decir, un antibiótico que era efectivo para una determinada infección bacteriana, puede hacerse ineficaz para esa misma infección en el futuro. La resistencia bacteriana a los antibióticos es uno de los problemas más importante de salud pública.
¿Cómo se produce la resistencia? La bacteria se torna resistente a un antibiótico: • cambiando su forma de crecimiento para que el antibiótico no logre interrumpirlo. • porque se hace capaz de inactivar directamente al antibiótico.
La causa más importante del desarrollo de resistencia bacteriana es el mal uso de los antibióticos, ya sea en situaciones en las que no deberían usarse o indicando el antibiótico inadecuado para una determinada infección. Los niños representan el grupo de la población que recibe más antibióticos y el que presenta infecciones a gérmenes más resistentes. Se estima que casi la mitad de las prescripciones de antibióticos para niños por infecciones del aparato respiratorio, son innecesarias.
¿Cuándo no se deberían utilizar los antibióticos? En general, las enfermedades causadas por virus no deberían tratarse con antibióticos. Por ejemplo: • Resfrío común: congestión nasal, dolor de garganta, estornudos, tos y dolor de cabeza. • Gripe: fiebre y escalofríos, dolores musculares, dolor de cabeza, tos seca, dolor de garganta. • Faringitis (angina): excepto la causada por el estreptococo beta hemolítico, que debe ser tratada con penicilina. • Gastroenteritis viral: la mayoría de los casos de vómitos y diarrea son causados por virus.
Para recordar • El uso inadecuado de los antibióticos puede producir resistencia bacteriana. • Los antibióticos no curan las infecciones causadas por virus. • Los antibióticos deben ser indicados para tratar infecciones bacterianas.
Fuente: www.tvcrecer.com
|
|