La consola incierta
Nos divertíamos jugando al Estanciero, al Teg, al Ludo o a las Damas. Hoy nuestros hijos gambetean con la play o bailan con la wii. Los padres podemos fanatizarnos con ellos o “prohibir” de lleno, por miedo a lo desconocido. Aquí, datos domésticos, útiles.
Un día cualquiera llegás a tu casa y encontrás a tus hijos en pleno partido de fútbol en el living. Pero el jarrón de la abuela no corre peligro, claro, porque juegan con la playstation. Por las caras te das cuenta enseguida quién gana y quién pierde, y gritan cada gol como si fuera la final del mundial. Están tan concentrados que ni escucharon que entraste, entonces te toca recordarles que se trata sólo de un videojuego.
A veces juegan por Internet, y para el resto les queda la consola, la “play”.
Los videojuegos están casi exclusivamente diseñados para varones, quienes prefieren los de deportes y los de violencia. Algunos reproducen situaciones históricas donde la violencia está contextualizada y tiene un sentido, pero muchos otros involucran la violencia porque sí, matan y roban sin importar a quién para sumar puntos, para ganar. Las chicas prefieren los de simulación social, “los sims”, eligen interactuar a competir.
Ni tanto ni tan poco
Entre los padres, se reconocen dos extremos. Por un lado están los menores de 35 que pueden volverse fanáticos de los jueguitos y “dueños” de la pantalla y, por el otro, los mayores que jamás tocaron un joystick o un mouse para jugar. Los primeros conocen de qué se trata el tema, para los segundos va la información de esta nota.
Un dato curioso acerca del protagonismo de los videojuegos en los hogares nos lo brinda la encuesta que desarrolló Mercado Libre para conocer los planes familiares antes de vacaciones de invierno: el 28% manifestó la intención de comprar videojuegos, el 48,2% eligió el teatro o el cine, mientras un 24% optó por un viaje.
¿A qué jugamos?
Como padres nos resulta esencial saber a qué están jugando nuestros hijos. Por eso, antes de comprar, resultan útiles los sitios confiables en Internet que nos orientan acerca de qué se trata cada juego, cuál es su nivel de violencia y para qué edad está recomendado. Por ejemplo, entrando en www.pegi.info, se conoce la valoración del videojuego por edad que se hace en Europa, mientras que www.esrb.org informa la valoración de los juegos en Estados Unidos, donde la calificación es más restrictiva que la europea. Por último, www.guiavideojuegos.es informa detalles sobre los juegos y transmite las opiniones de los padres e hijos que juegan con ellos.
Señales de alarma
• Si el jugador dedica demasiado tiempo a esta actividad.
• Si vive una situación familiar o social conflictiva.
• Si su personalidad es preadictita.
• Cansancio.
• Agotamiento del sistema nervioso.
• Ansiedad.
• Desequilibrios emocionales.
• Bajo rendimiento escolar.
• Hostilidad.
• Reducción de las relaciones sociales.
Si bien podemos participar de la elección de algunos juegos, muchas veces los chicos juegan por Internet, donde el límite y la lección son más difíciles. Allí, los chicos interactúan con otras personas que nos son absolutamente desconocidas. Además, esos juegos son más frecuentes en los ciber donde el anonimato y la ausencia de adultos los exponen de más. Lamentablemente, con frecuencia conocemos casos de pedófilos al acecho de estas situaciones y sería muy ingenuo desconocer esta realidad.
Los videojuegos bien usados tienen muchos elementos positivos, ya que integran en torno al mismo entretenimiento a personas de distintas edades, sexos y capacidades, y esto permite pasar un rato divertido compitiendo en familia o entre amigos. De esta manera aprenderemos a usarlos con prudencia y poniendo los límites que resulten necesarios.
Sentido Común
¡Esto es increíble! ¡No puedo parar! Como en tantas cosas, nos tocará estar atentos para que nuestros hijos practiquen otras actividades, otros entretenimientos y que no sea su única diversión. Sin hacer demasiado escándalo, con algunas reglas para su uso y límites respecto del tiempo nos aseguramos de que no salgan perjudicados por los “jueguitos”.
Hay chicos que pasan demasiado tiempo jugando y, al margen de posibles efectos nocivos por abuso, en lo concreto dejan de hacer tareas o deportes, de ver a algunos amigos, duermen menos y hasta mienten para ir a otra casa a jugar porque sus padres no los dejan. Muchas veces llega a constituirse en algo compulsivo y puede manifestar una necesidad de escaparse de algo.
Manos a la obra si el niño o adolescente…
• No puede controlar el final del juego.
• Sacrifica otras actividades como estudiar o hacer deporte.
• Pide o roba dinero para jugar.
• Tiene una vida que gira en torno a los videojuegos.
Estas conductas pueden originarse porque la familia está pasando un momento especial o él mismo esté con baja autoestima y que tenga otros problemas que quiera tapar. En algunos casos, sin querer, podemos estar generando el atractivo de lo prohibido. Otra vez, habrá que buscar un tiempo calmo y comprensivo para el diálogo.
También cabe la pregunta: ¿No motivamos nosotros que jueguen de más para estar tranquilos? Un chico enchufado a la consola no hace demasiado ruido, no rompe nada, no pregunta… Y el ejemplo paterno también influye. Si nuestra actividad extra laboral es únicamente ver televisión, ellos optarán por lo análogo. En fin, que los juegos sean juegos, pero que la ingenuidad no perjudique a nuestros hijos.
Fuente: Ricardo Regidor
Por Clara Naón de Aberastury, Máster en Educación Familiar | www.hacerfamilia.com.ar

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