“Hay un tiempo para cada cosa, y para cada cosa hay un tiempo” Sin embargo en la actualidad pareciera que este concepto ha desaparecido, que esta palabra que encierra el profundo sentido de las vivencias humanas se fuera corriendo tras vaya saber que, con el apuro de llegar no sabemos a donde. En este afán, toda persona va quedando atrapada en su propio tiempo perdiéndose el paisaje de su vida y la de los otros.
¿Qué es el tiempo? Muchos son los lugares desde donde podríamos responder, pero quisiera detenerme en el concepto de
ciclo. Los ciclos son periodos
de espacio y tiempo que tienen un principio y un fin.
El desarrollo humano también esta formado por ciclos, son los llamados ciclos vitales donde cada etapa es necesaria para pasar a la siguiente. Cada una de estas etapas posee sus propias características, sus desafíos y sus riesgos.
¿Alguna vez pensamos en los riesgos que implican acelerar las etapas?
La infancia es una de las etapas del ciclo vital donde se sientan las bases fundamentales para la formación de la personalidad. Es el periodo de la vida donde el niño aprende a vincularse afectivamente con sus padres y con sus pares. Aprende a ponerle nombre a las cosas lo que le permite entrar en el mundo de la simbolización y la comunicación a través de al palabra.
La infancia es una etapa de la vida, con sus características propias que son imprescindibles conocer, como primer paso, a la hora de pensar pautas de educación.
¿Conocemos a quien vamos a educar? Para conocer necesitamos compartir, estar presentes.
Los niños en la infancia poseen en el plano cognitivo un pensamiento concreto, es decir que aún no han desarrollado la capacidad de abstracción que llegará entrada la adolescencia. Este aspecto tan simple permite comprender que en el momento de mostrar pautas estas deben ser “concretas”, tangibles. En muchas ocasiones los padres expresan largas explicaciones que no son entendidas generando una sensación de frustración en los padres que puede ser evitada por el conocimiento de las posibilidades reales de la etapa.
Los niños pequeños por su desarrollo evolutivo van configurando su personalidad en la interacción con el mundo que los rodea. Por esta razón es importante que los padres los ayuden a ordenarse internamente.
El segundo paso, una vez que conocemos, es enseñar los procesos, ningún niño aprende a guardar sus juguetes, lavarse los dientes, vestirse, bañarse solo, si no se le enseña y se le muestra como se hace. En la medida que estos actos se van repitiendo se van creando hábitos que se van internalizado.
Permitiendo una educación en las virtudes. Hay un tercer punto que no podemos olvidar, los niños están continuamente observándonos y tienen derecho al buen ejemplo de los padres. Educar implica tener la capacidad de acompañar en el proceso de crecimiento. La autoridad paterna, bien entendida, ejercida con firmeza y cariño es el camino seguro para sentar las bases para el dialogo, la confianza, el desarrollo y el crecimiento de los niños.
Es un período donde el tiempo como medida no existe, hoy puede ser ayer y mañana dentro de un rato. Es el momento en el cual el niño desarrolla la imaginación y la fantasía fundamentales para la creatividad en el futuro.
El poder comprender la importancia de esta período de la vida quizá nos de la respuesta a nuestra pregunta inicial, como adultos somos responsables de la educación de los niños y debemos se muy cuidadosos de no impulsarlos a saltear esta etapa. Es necesaria para su crecimiento y desarrollo armónico.
El desafío de nuestros tiempos nos reclama un profundo compromiso en nuestra función de padres. Educar es un arte que nos exige una gran flexibilidad sin perder de vista la totalidad de la persona sobre la base de los valores que lo sostienen. Es un tiempo de siembra, esencial para una buena cosecha en el futuro.
Lic. Andrea Saporiti - Psicóloga. UCA - Master en Matrimonio y Familia Universidad de Navarra, España | Fundación Proyecto Padres | www.proyectopadres.org
Bibliografía
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